Dia aliviado: lo único diferente fueron unas inhalaciones de eucalipto

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¿De qué depende?  No lo sé.  No lo podría decir con propiedad.  Ayer, producto de una noche de un no muy exitoso sueño, amanecí con los párpados prensados, algo con sueño, por consiguiente no muy equilibrado, digamos, irritable uno, como se pone la gente cuando no duerme bien.  La diferencia es que estoy conciente de ello y me controlo.

El caso fue que el señor acúfeno amaneció tímido, digamos casi erradicado para todo el día.  Estuvo estupendo.  Pero cuando digo erradicado no me refiero a su abolición como sonido perpetuo, sino a mi contextura psíquica para minimizarlo, para no darle importancia, para sonreír no oyendo u obviando algo que sé que sueno empecinadamente dentro de mi ducto auditivo.

Por eso digo que no comprendo, ni sé de qué depende.  Los días de malogrado sueño uno se estresa con más facilidad, y al estresarse, por consiguiente, está más alerta, lo que se traduce en oír más el ruido en una persona con acúfeno.  Pero no fue mi caso.  La buena noticia de la debilidad de mi acúfeno o fortaleza de mi cuerpo para resistirlo ayer borró de mi cuerpo cualquier molestia que pudiera tener la por falta de sueño.

Debo analizar el hecho, dado que de analizar un comportamiento o efecto se trata en este blog.  Anteayer, el día previo a mi día con mal sueño, sólo hice una diferencia: inhalaciones de eucalipto con árbol del té.  No digo que tenga que ver en la mejora de mi condición acúfena, pero fue lo único diferente que hice en día de vida tan calculadamente rutinario como que la que me preocupo por vivir.  Inhalé los vapores de la combinación dicha porque me preocupo por sanear el sistema respiratorio y sus vías, desinfectar, prevenir cualquier sinusitis, por ejemplo, atendiendo al hecho de que soy una persona con tabique desviado y presento ciertas condiciones anómalas para una respiración suelta o para alojar bacterias.

Mientras inhalaba, aprovechaba también para calentar un poco mis oídos con el vapor.  Y lo hice de tal modo porque presumo (sin ningún basamento científico, es claro) que puede resultar útil, especulativo o experimental.  He leído que los aborígenes norteamericanos se aplicaban calor en el oído para combatir el tinnitus; y en el yoga me aplican calor en los oídos mediante un procedimiento que denominan Artemisa.

Por eso, ni corto ni perezoso me aplico, también, calor, aprovechando el vapor del eucalipto.  Tal fue lo único distinto y que menciono en medio de esta incertidumbre tentativa de buscar alivios para el acúfeno.  Debe recordarse también que me aplico arcilla, como he dicho, a diario, ya durante dos semanas, y que yo reporto mejoría o buen efecto con ella.

Por lo demás, el día fue corriente, una vez más.  Sin novedades, fuera de conciliar el sueño y dormir satisfactoriamente.   Par de huevos en el desayuno, shawarma en el almuerzo, pollo en la cena.  Acoto que tengo días que no como frutas, ni ensaladas, cosa que sé no es lo más saludable.

Reitero mi comentario:  hay días en que mi acúfeno, sin bajar su volumen o frecuencia, es más tolerable para mí, y de ello deduzco que en mucho la clave radica en la psique de la persona, en la contextura anímica, si es que por un momento habremos de imaginar que el bendito jamás se irá de nuestras vidas.  Que el acúfeno no moleste un día y otro sí, aun manteniéndose en sus niveles de siempre, es cosa que habrá de determinarse desde el ángulo emocional y psicológico, por supuesto, dejando por sentado que uno, el aquejado, aparta de su dieta y estilo de vida los químicos o factores que presuntamente aumentan los ruidos.

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Rompiendo la rutina y perdiendo algo el sueño

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Días más de la rutina, ya conocida.  Levantándome a las 8:00 AM, ejercitándome levemente, medicándome, colocándome la arcilla y, como fue miércoles el día, realizando yoga.

A la hora de dormir, no me fue como habría deseado, esto es, no me dormí en el acto, aunque logré conciliar mi sueño.  Y yo, como detective, investigo, aunque pienso que tampoco es saludable andar preocupándose por cada milímetro de nuestro comportamiento.  Si yo me hago una “mente” sobre la hora de dormir, es muy probable que a la hora de hacerlo piense mucho en el acto, pierda la naturalidad y no me duerma.

Sería ideal dormir como lo hacen los niños o los animales: espontáneamente.  Pero no, somos adultos y cada detalle es una matemática, sumando al cálculo que soy un afectado de acúfeno.  Ayer, por cierto poco antes de dormir, hablé con mi esposa, y celebré que llevara dos días conciliando el sueño de maravilla.  Y ello como que fue suficiente para romper la cadena.

Pienso, además, que no debería haber tanta fragilidad en el propósito de un acto que lo dispara la misma necesidad.  Dormir y se acabó.  Pero ya sabemos que la realidad es otra.  Millones de personas no pueden dormir, padecen de insomnio, en sus dos formas, el insomnio que dificulta que concilies el sueño y el insomnio que te despierta después de conciliarlo.  En mi caso, persona con tinnitus y con 44 años de edad, se comprenderá que me preocupe.  Es mi deseo no engancharme en esa cadena del círculo vicioso de los problemas para dormir.

Nunca en mi caso había concienciado que pudiera resultarme problemático. Y lo hago ahora, supongo que por el acúfeno.  El caso es que para el día de ayer lo único que hice diferente previo a la hora de dormir fue inhalar unas evaporaciones de eucalipto y árbol del té, mezcla que se toma para despejar y aplicar antisépticos a las vías respiratorias, especialmente hacia los senos paranasales para combatir la sinusitis propiamente o su probabilidad.

El eucalipto, emocionalmente hablando, equilibra la energía emotiva, pero, desde que se usa para vencer la indolencia y la pereza, puede resultar muy estimulante poco antes de dormir.  No me percaté de ello y me lo aplique, y pagué las consecuencias, por lo visto.  Un tanto igual hay que decir del árbol del té, más allá de ser uno de los mejores antibióticos naturales:  restaura energías, energiza.

Uno se deja llevar por el día, por la rutina, por el hecho de hacer por hacer las cosas, y no se para uno un momento a reflexionar.  Y he aquí mis resultados respecto del sueño.  Tendré más cuidado.  Por lo pronto, me hice mi anunció y lo coloqué cerca de la computadora:  10:00 PM – Inhalaciones; 11:00 PM – Aromaterapia; 12:00 PM – Dulces sueños.

¿La arcilla disminuyó mi acúfeno? Dia feliz

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Ayer ocurrió algo especial, que me permitió transcurrir mi día con mucha esperanza y, sobremanera, aliviado.  Si no me equivoco, atribuyo a la arcilla el efecto beneficioso del día.

A las 11:00 de la mañana me aplique una mascarilla de arcilla en mi frente, mejillas, cogote de la cabeza, zona occipital anterior, orejas y garganta.  Tenía que salir a la 1:00 PM a la sesión de acupuntura, de modo que lo hice a esa hora para dar tiempo a que la mezcla se secara e hiciera su efecto.

Para nada tengo acné o grasas que me molesten en el rostro.  Sólo que la ansiedad por curar me hace estar abierto y curioso a cualquier indicio de medicación o ingenio que me sane o alivie.

Había leído que la arcilla tiene un breve efecto radiactivo, como milenario polvo descompuesto de rocas que es.  Al diluirla en agua genera radioactividad y, presuntamente, este efecto genera acomodos positivos en los órganos enfermos del cuerpo al ser aplicada.  La arcilla se toma y se aplica en cataplasmas curativos.

Como en mi mente flota la idea de que el acúfeno, si no tiene origen orgánico, obedece por consiguiente a razones de carácter cuasi insondables, yo no vacilo en caer en el terreno de las mágicas esperanzas, de la no ciencia, de lo experimental y no comprobado o en comprobación, de lo alternativo, etc.  Si la medicina convencional no puede y me dicen que el acúfeno es un efecto y no una causa, que es emocional si no tiene base orgánica causal, que es un grito del cuerpo para que tu vida cambie, que es un desarreglo energético en el cuerpo…; entonces no es difícil para mi imaginar teorías improvisadas para procurar mi cura o alivio.  No es difícil para mí pensar en energías, movimientos espirituales, dioses, fe, relajación, magia… (bueno, magia blanca y natural, sin ir a los extremos contrarios, el de la prohibición).

Si me cuentan que un tipo que sufría de acúfenos estaba pegando un cable eléctrico y de repente recibió una fuerte descarga, curándose en el acto, no es difícil imaginar para mí que con energías parecidas pueda inducirse algún cambio o efecto sobre el chirrido.  La radioactividad es una energía que pudiera afectar, aunque no sepa hasta qué punto ni sobre estudios al respecto.  En el caso de la arcilla, presuntamente es correctiva:  equilibra excesos o defectos de radioactividad en el cuerpo.¹

Mi esposa fue la primera en darme el dato.  Leyó el punto sobre el efecto corrector radioactivo de la arcilla y sugirió me lo aplicase en la cabeza.  Y yo, por mi parte, en un foro que visito con frecuencia², leí que uno de sus miembros se aplicó una mascarilla y le pareció que disminuyó su acúfeno.  No perdí tiempo y decidí probar.

El efecto fue sorprendente, y digo esto dejando clara mi presunción de que fue la arcilla la causante.  Pase el día magníficamente, con el tono bajo en la cabeza y con la gran esperanza de que pudiera desaparecer de una buena vez.  Estuvo en lugares silenciosos para probar y el resto de mi acúfeno era mínimo.  Así estuvo hasta horas de la noche cuando fui a conciliar mi sueño.  Pueden, pues, valorar mi alegría.

Ahora que no haya sido la arcilla, es muy posible.  Asiento que no hice nada fuera de lo corriente durante el día, especialmente antes de la aplicación.  Me levanté a las 8:00 AM, como me estoy acostumbrando ahora; desayuné manzana, avena, claras de huevo y pan árabe; tomé el medicamento homeopático para el sistema inmunológico, las flores de Bach, el aceite de hígado de bacalao, el polivitamínco,  el magnesio y manganeso, además de practicar los ejercicios matutinos que especifico en el reporte “Lo que estoy tomando por recomendación de lecturas y holista”.  Nada extraordinario.

Asiento, también, que mi acúfeno, como todas las mañanas, había amanecido atenuado, es decir, llevadero; pero, como he dicho, después del mediodía parece encenderse y literalmente me invita a salir de mi propia casa, lanzándome yo a la calle hacia una actividad evasiva o de distracción o de olvido, como mejor se comprenda.  El caso es que luego del mediodía, después de la aplicación de la arcilla, mi acúfeno se mantuvo tímido.

No obstante, no salí de la rutina y continué mi día corrientemente.  Almorcé arroz con pollo, plátano y jugo de guanábana.  A las 2:30 PM fui a la acupuntura, donde crucé unas cuantas palabras con la doctora.  Preguntó que cómo seguía y le dije que ahí, más o menos, con bajadas y subidas.  Me respondió que el acúfeno uno lo siente “disparado” al principio.  Le expresé que no sabía qué pensar, si era que siempre estaba igual de tono y frecuencia y era uno el que ponía la diferencia, es decir, que lo oyera alto o bajo dependiendo de nuestro ánimo o grado de estrés.  Finalmente, la doctora hizo una diferencia en la sesión:  me colocó dos agujas en el plexo solar, además de las colocadas en los dedos, entrada del oído y centro de la cabeza.

Al salir, comí un yogurt (estoy comiendo mucho dulce), y me dirigí a mi acostumbrada plaza, donde leí sobre aromaterapia hasta la noche y muchas otras cosas en la INTERNET.  Cené arroz con pescado (carite sierra) y ensalada.  Finalmente, después de navegar otro rato en la WEB, además de jugar un poco, me acosté a las 12:30 AM.

Notas:

¹ Al respecto, véanse los siguientes enlaces:  “Rocas arcillosas o arcilla blanca, roja y verde”, “Usos medicinales y estéticos de la arcilla”, “Arcilla”, entre muchos otros que sobre el tema abunda en la WEB.  Ninguna de ellas habla específicamente de aplicar arcilla para combatir el tinnitus, pero uno lee y deduce…, e inventa cosas.

²  Leí sobre el modo accidental como, presuntamente, mejoro un usuario del foro Acúfeno:  http://www.acufenosforo.es/foro3/index.php

Un pasajero con acúfeno

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Como una medida de habituación, en la línea de "convencer" al cerebro de que su ruido no lo necesito para vivir normalmente, que no me hace un favor colocándome en alerta con sus señales, me he puesto a realizar las actividades corrientes que efectuaba cuando carecía de acúfeno.  En especial salgo mucho a la calle, dado que antes salía en las tardes a manejar un taxi y a conversar con los pasajeros.  Y así, pues, me he puesto de nuevo a conducir, pero no todos los días sino algunos días claves y rentables a la semana.
El ruido del vehículo y de la calle me hace olvidar el concierto de mis oídos y, supongo, mi psique descansa un rato.  Mi idea es agotarme lo más que pueda físicamente para dormir profundamente.  Así también hago en las tardes (cuando no manejo el taxi), yéndome a la plaza Daniel Florencio O`Leary a leer un rato, por ahí hasta las 9 de la noche.
Ayer en domingo tomé a un pasajero en el mercado de Quinta Crespo y lo llevé a la Cota 905.   Entablé conversación con él.  Era un tipo grande, fuerte, barrigón, digamos de aspecto natural para así intentar dar una idea de las personas a las que les paso algo complicado y naturalmente se les resuelve.  Llanero, probablemente, porque me dijo que se cayó de un caballo y se aporreó la cabeza, quedándole un ruido "terrible" en su oído.  Duró dos años con él, lapso en el cual -me dijo- enloqueció casi, se desmayaba con frecuencia y le costaba dormir, y, si lo lograba, sufría pesadillas.
Me dijo que un trabajo de carnicero, en contacto con la gente y el ruido de la calle, lo curaron.  Se le quitó en definitiva, hasta el punto que no le teme al silencio y, en medio de él, no lo oye.  Bueno, yo me maravillé, me entusiasmé, tomé esperanza, porque yo ando en eso, digamos en la terapia de los ruidos de la calle y la habituación.  Espero, como él, sanar pronto.
Y en cierto modo me considero afortunado, tal vez por mi natural tranquilidad que me ha facilitado digamos digerir el acúfeno y no perder los estribos, dando pie a mayores complicaciones nerviosas; quiero decir, no me desmayo y he logrado mantener a raya la desesperanza, eso que dispara el sistema nervioso central en señales de alerta, huidas o ataques.
Al final, sonriente, el llanero (digo que es llanero, por lo del caballo y lo del algodón) me recomendó las gotas o aceite del algodón crudo aplicado en el oído.