Mis amigos, mi familia: compartiendo con ellos mi conocimiento

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Sin novedad, como dice la jerga policial.  Mi esfuerzo por retomar mi vida anterior avanza.  Ya casi completamente estoy ejecutando mis viejas actividades, hasta el punto que, si no fuera por el bendito ruidito, no hablaría de diferencias.

Me he lanzado a la calle a realizar mis actividades de frente:  giro con el carro por aquí y por allá, lo reparo, compro, camino, en fin, ando más activo.

El acúfeno me acompaña como si fuera una parte más del cuerpo, un apéndice indesprendible. ¡Y eso casi lo estoy viendo normal!

La ciudad y la gente se han hecho más vivaces con la entrada de la época decembrina.  Todo es azogue y huele a movimiento, a mercado.

De la enfermedad y sus tratamientos me han quedado deudas, y me ahora me muevo para pagar.  Vendo en la Internet y los conocimientos adquiridos con flores de Bach y aromaterapia ya, también, me están dando mis “pingües” ganancias.

A propósito de ello, de los amigos a quienes he “recetado” con las flores y algunas esencias, me han referido cambios positivos en dolencias.  La mayoría de los casos presenta trastornos del sueño y casi todos, entre amigos y parientes, han resuelto su problema (a excepción de mi propio padre, que no quiere dejarse “persuadir” por las gotas).  Casi todos duermen.  Yo mismo estoy consumiendo las flores y mis aromas.  Mi punto de venta es este:  “Flores de Bach.  Cúrese en casa usted mismo”.

Ayer domingo di una vuelta por la cinemateca y vi unos animados.  Caminé un rato, mirando los anuncios del Festival de Teatro de Caracas, al cual acecho para entrar a ver una obra.

Yo sigo con lo de siempre:  mi doctora homeópata, mis colónicas, mi acupuntura, mis medicamentos…, mi ruido.  Pero estoy bien, siempre con la esperanza de vencer y descubrir un buen día que las odiosas chicharras se han ido.

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Más sobre Flores de Bach y acúfenos

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Ya tenía rato que no escribía, más de una semana, desde el martes 25 cuando referí cómo me puse a alborotar el avispero de mis ruidos (“Jorungando el avispero del acúfeno”).

He estado bastante ocupado, trabajando en páginas WEBs, escribiendo.  Especialmente, me he ocupado con las flores de Bach que, como saben, las estudié y ahora las suministro a amigos y gente que se interesen por su salud y por aplacar las emociones perniciosas para su vida, dado que para eso están concebidas.

Tengo un proyecto al respecto y consiste en abrir un blog con las experiencias curativas de los pacientes.  Tan rápido, ya tengo experiencias que contar, por supuesto, con la figura anónima de quienes allí aparezcan.  Para empezar, abrí uno, y publiqué ya una suerte de argumentación “atractiva” para motivar en otros el uso de las flores de Bach y su terapia.  Véase:  Flores de Bach y emociones.  Y, hablando comercialmente (ojo, apenas busco recuperar la inversión que hice en el kit floral), abrí una página en un portal de compra venta, donde ofrezco preparar las fórmulas de las flores de Bach y vendo este servicio por una módica suma; véase Flores de Bach en su casa. ¡Cúrese usted mismo!

Y respecto al acúfeno, el que sufro, el que tu sufres, amigo lector, y el que sufre el 15% de la población mundial (entre suaves y severos), he descubierto cosas desde que ando metido en este ambiente digamos bachiano.  He oído de dos casos, el primero de ellos sobre un piloto de aviones con ruidos repentinos, quien fue tratado por su esposa (practicante de la terapia floral de Bach) y con el tiempo le fue erradicado el tinnitus.  No tengo gran información sobre el caso, pero me fue referido por una persona que puede catalogarse como fuente “creíble”.

El segundo, refiere la situación de un señor con tinnitus, angustiado, a quien se le atenuó y le mejoró su tolerancia con unas flores de Bach que se suministran para los desesperados y pesimistas, a saber, Gorse.  Por cierto, declaro no haberla probado en mí, y no descarto hacerlo a futuro, luego de que tome debidamente el tratamiento que me tomo en la actualidad. Por supuesto, en la lógica de la terapia de Bach, está flor iría acompañada por otras, dependiendo de la configuración emocional de la persona que la reciba; no puede usarse como un estándar, así a secas.

En cuanto a mi lecturas y escritos, esta semana se fue en blanco (ni siquiera he visto las noticias), dado que no me pude dedicar oficiosamente a ellos.  El asunto de las flores de Bach, los pacientes que he empezado a tener, las páginas WEBs relacionadas, se llevaron todo el tiempo.

De mi ruido, puedo decir que sigue igual, pero en general mi ánimo ha estado bien, como les he dicho anteriormente, con pequeñas idas y venidas del ruido, es decir, con intervalos de tiempo en que lo oigo con más fuerza, afortunadamente intervales pequeños.  He descubierto, por ejemplo, que cuando trabajo bastante, mentalmente hablando, hasta el punto del agotamiento, mi acúfeno se presenta con fuerza, y mis pensamientos y bloqueos mentales no funcionan para “correrlo” de los laberintos de cabeza.

Siglo explorando.

Aromaterapia, vida diaria y acúfeno

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Ayer tuve movida.  Hice diligencias en la tarde, después de los masajes Ceragem, que ahora procuro aplicármelos consecutivamente durante tres días (martes, miércoles y jueves).

Hice unos arreglos en casa, compré unas luces, entre otros detalles.

En los presentes momentos estoy en medio de una ayuna a base de agua de coco y peras, condición requerida por la homeópata antes de verme esta tarde a las 2:00.  Me reevaluara, después de dos semanas de empezar la dieta. El ayuno lo empecé ayer al mediodía.  Cumplo en estos momentos que escribo unas dieciocho horas.

Debo manifestar que no he sentido molestia alguna, ni ansiedad ni hambre.   El agua de coco como que tiene un efecto de saciedad, inhibidor del apetito, dado que hambre es lo que menos he sentido.

Por el contrario a molestias o ansiedades, en los últimos días, a pesar de la mal momento del resfriado, he estado excelentemente de salud.   Sobremanera ayer que, no obstante el ajetreo y el acúfeno, experimentaba una fortaleza increíble, un sentimiento de salud muy reconfortante.  Y lo atribuyo precisamente a lo que estoy haciendo, a la dieta depuradora y vegetariana que me aplico, a los medicamentos que la acompañan y, especialmente, a los componentes de aromaterapia que me preparo, unos para la relajación, otros para el resfriado, otros para la creatividad, intuición, etc.

Por ejemplo, desde que me aplico un compuesto de aromas en el difusor nocturno contra el resfriado, he dormido extraordinariamente bien.  Mi nariz se destapó, mis vías respiratorias permanecen amplias, limpias, normalmente húmedas y captan la oxigenación necesaria a satisfacción.  Pero no es sólo eso:  de ánimo he estado magníficamente estable, tranquilo, y podría atribuirlo a otros efectos colaterales de relajación de las fragancias vegetales.  El incienso, el geranio, la lavanda, la manzanilla, el azahar, la rosa, el Ylang ylan y el sándalo son ingredientes que he utilizado y que poseen un reconocido efecto relajante.

Otro ejemplo:  yo utilizo para mi hora de escribir dos compuestos estimulantes y relajantes a un tiempo:  uno para la creatividad y otro para la intuición.  Son preparados para difusor, para esparcir en el ambiente su fragancia.  Me los aplico durante toda la mañana, sea untado sobre la piel o como aceite para impregnar el ambiente mediante la lámpara difusora.  El compuesto para la creatividad es fuerte, bastante estimulante y puede alborotar molestamente la cabeza si se elabora muy densamente.

Ayer nomás rendí bastante en mi jornada de escritos: escribí dos artículos de análisis políticos de forma consecutiva, además de otros que desarrollo de forma inédita.

Y hablando de flores de Bach, tomo unas gotitas de Rock Water, para serenar y evitar la autopresión a la que uno se puede someter en función del logro de objetivos, para evitar la ansiedad antes tantas que uno quiere y tiene que hacer.

Digo, también, que mi sensibilidad hacia el acúfeno ha sido muy baja, al grado que he podido disfrutar de momentos sin oírlo.  Por supuesto, él siempre está allí; basta que yo lo conciencie para oírlo.  Yo siempre lo oigo, pero ayer me ocupé tanto, escribí bastante, leí tan a gusto que no le quedó otra opción que dejar de existir por momentos, aflojando un poco la garra perenne que practica sobre mí.

Flores de Bach y acúfeno

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El día de ayer, miércoles, fue un poco acelerado.  Por no tener previsión, se amontonaron para último algunos ingredientes que había que comprar para consumirlos hoy jueves, un día previo a la cita con la homeópata.  Agua de coco y peras.

La tarde en Caracas vuela y su vida citadina apenas alcanza para cumplir los objetivos de las diligencias.   Se va el día repentinamente, entre colas, obstáculos en la vía, montones de gente caminando, tráfico.  Ayer comprábamos ─mi esposa y yo─ el equipo completo de las flores de Bach, con descuentos, aprovechando nuestra reciente condición de alumnos del primer nivel.  También realizábamos otras pequeñas diligencias, con el reto y remate final de conseguir la susodicha agua de coco, cosa algo más difícil en medio de una selva de concreto donde las palmeras son los edificios.

Para tal bagatela de diligencias, me vi obligado a suspender mis masajes Ceragem de las tardes, y hoy mismo, hay la probabilidad de que también los suspenda, según otras diligencias que tengo que hacer.

En fin, superado el rollo, no vinimos tarde, cenamos y nos instalamos a revisar el material.

Tuvimos dos pacientes, ya en el primer día con el equipo floral en casa.  Una amiga y nuestra hija.  Hacia ellas salieron nuestros primeros preparados.   Unas para ayudar a superar traumas del pasado y otras para la impaciencia y miedos.

Pensé en mí acúfeno, que, por cierto, ha estado dócil últimamente a mi sensibilidad.  ¿Gotitas para aplacarlo o erradicarlo?  No las hay así expresamente, pero la terapia floral se propone manejar un conjunto de emociones perjudiciales para el organismo cuando se desatan de modo desmedido.  Mi condición de afectado bien se podrá beneficiar de sus propiedades armonizantes de las energías, como puede definirse su terapia, terapia sutil de alivio y cura.  Miedos y emociones, terrores y nervios, pueden ser aplacados con Bach; y yo, desde un principio, no fui ajeno a tales desbarajustes, como he referido en estos reportes.

Hoy, aplacado, instruido algo más sobre los acúfenos y, por tanto, más racional (el miedo procede de la ignorancia), me dispongo a aprovechar los beneficios florales.  Estoy estudiando el sistema bachiano y en breve estaré automedicándome.  Mi objetivo:   mientras llega la cura para mi afección, me tranquilizo, me espacio, procuro condiciones idóneas de cura, mantengo a raya mi sistema límbico, donde se “cocinan” las reacciones fisiológicas a los estímulos emocionales.

Continúo en la lucha y, como saben que lo haré, estaré informando sobre las incidencias. Que yo mismo sea mi conejillo de Indias, me facilita las cosas.