He vuelto, después de un rato.  Feliz año 2012 para todos.

Me pasé el diciembre lo más liberal posible.  Comí, bebí, aflojé bastante los criterios del cuido médico y estético, como todo el mundo.  Humano como todo el mundo, parte de la corriente; y si el viento arrecia…, se mueve más rápido el agua.

Pero enero.  Llegamos a enero.  Y, para no variar, como casi todos mis conocidos afectados, continúo con el acúfeno.  Pero es una declaración, no un lamento.  Pura certificación.

Hice mi vida decembrina lo más feliz posible.  Viajé e hice de ermitaño, para equilibrar los extremos.

Descubrí que, fuera de los cuidos extremos que llevaba el año pasado, no necesariamente se te sube el volumen del acúfeno; quiero decir, en medio del mes de diciembre, cuando se aflojan los controles.

Hoy he vuelto a la rutina:  escribir, leer, soñar, trabajar.  He vuelto a los controles:  el régimen en general, el cuido, la dieta, la acupuntura, el ejercicio.  En la busca del silencio perdido, entre otras maravillas, porque el acúfeno continúa igual, cual eterna campana.