Ayer eché una siesta de diez minutos y me fui a las honduras del sueño.  Mientras no cambié de posición, no sentí nada irregular; pero al moverme, al caminar, por ejemplo, descubrí que tenía los efectos de un mareo.  Fue persistente hasta la hora de dormir, desde las 7:00 PM.

No es de exagerar, cosa de otro mundo:  un mareo.  Pero es inusual en mí.  Lo atribuyo a algún pequeño desequilibrio de la alimentación.  Durante los últimos tres meses he sido vegetariano, y ello, tanto más si se es estricto como yo en el cumplimiento de su régimen, impacta.

Además, he dejado de acompañar mi alimentación con el suplemento Ensure o Herbalife, que se me acabó hace tres semanas (no he tenido presupuesto para comprar o, mejor dicho, me complicado con la administráción).  Espero sea algo por el estilo y no una novedad relacionada con lo laberíntico del acúfeno.

Durante la noche (no obstante), intenté ver una película de Alejandro Cortes llamada Sepultado, pero no me dio tiempo.  La vi a medias y tiene trazas de prometer.  Parece un buen trabajo, tenso, artístico, siempre con la cámara también enterrada en el ataúd.  Hay que sabérselas para entretener durante una hora o más centrado en la monotonía de un mismo ambiente.  Hoy la termino.

Mi acúfeno sigue igual; yo, más fuerte contra él.