Hoy recibo mi séptima sesión de hidroterapia del colon y, como ya les he dicho, ayuno durante veinticuatro horas con agua de coco y peras.  Así que hasta mañana, hambre.

Les cuento que procurando curarme del acúfeno, desde hace ya cuatro meses, he bajado 22 Kg. (pesaba 100), ha mejorado mi sueño, he desintoxicado mi organismo, dejé el alcohol y el cigarrillo, tengo una rutina y horario de salud, he aprendido sobre salud y alimentación, estudio digito y acupuntura, masaje energético, aprendí aromaterapia y flores de Bach, consulto a una homeópata etc.  Todo un aprendizaje que hace decir, como dice el dicho popular, “No hay bien que por mal no venga”.

Es la vida con sus vueltas y hasta sus sarcasmos.  Me he depurado y aprendido, y hasta quienes me rodean han recibido curas y alivios de afecciones como sinusitis, trastornos de sueño, taquicardias, nervios, etc.; pero yo, el meollo temático del asunto, no he erradicado el acúfeno.  Sigue allí, pero allí como una cosa del paisaje, según he ido evolucionando con mi habituación. Supongo que pronto será como el ruido de la lluvia, paisaje que suena y al que no le haces caso.

La afección me ha llevado a explorar otros aspectos del saber humano, como la medicina alternativa, las terapias sutiles, por mencionar dos, y ha hecho que se incorporen a mi vida centrada en libros, escritura y letras, a mi vida soñadora de historias.

Dos colmos de la ironía se me figuran actualmente:  (1) que cure todo menos el acúfeno y (2) que tenga que exclamar un día “¡Gracias, acúfeno, por los favores concedidos!”