Ayer, corto de tiempo, me aceleré algo.  Debía ir a acupuntura, pero antes debía buscar también un paquete en una dirección en Quinta Crespo.  Las cosas no salieron de lo mejor, el paquete se encalló y yo tuve que irme bastante acelerado a mi sesión de agujas.

Llegue diez minutos pasados.  Apenas me dio tiempo para relajarme en la camilla donde me hacen esperar un rato.  Me dormí relampagueantemente y a profundidad, y mi cuerpo logró algo de relajación.  Esto de la relajación es importante en los tratamientos que manejan la energía del cuerpo, tanto antes como después.  Tratar de aplicarse acupuntura en medio de una aceleración es como tratar de ponerle agujas a un tigre en estampida.  Misión imposible, a efectos de cura o mitigación.

Bastante me lo recuerda mi otra doctora, la homeópata: “Vamos a relajarnos para los tratamientos”.  En general, he cumplido la premisa, pero alguna vez surge una arista desarmónica.

No obstante, mi acúfeno va ahí, igual.  No se resintió y lo llevó bajo control, a satisfacción como hasta ahora.

Ayer se me venció un tiempo de tratamiento que me aplico con las flores de Bach y, con la ayuda de mi compañera, me lo reformulé.  Hay una flor que la aplican para cuando la persona se carga de trabajo, acepta tareas de otros bajo título de colaboración y se abruma, en consecuencia, con responsabilidades.  Se llama Elm (Olmo).   Me la quité.  No es que yo sea muy trabajador que digamos, ni ande atiborrado de responsabilidades, pero tengo el defecto de cargarme de tareas con el objeto de ayudar a mis amigos (arreglarle la computadora, hacerle el encargo completamente, repararle, llevarle en carro, escribirle, corregirle, ponerle en contacto con…, etc). Es una suerte de sentimiento paternal.

Hacia la noche, conseguí un hueco de tiempo y vi la película de Chloe (EEUU, 2009), dirigida por Atom Egoyan, con las actuaciones de Liam Nelson, Julianne Moore y una rubia de nombre Amanda Seyfired, quien, por cierto, no me convenció en el papel de joven prostituta.  Pero no pasó así con Moore, quien desplegó un central y extraordinario papel, tanto así que, por su calidad, la película pasó la prueba de mi aceptación. Ahora soy su admirador.

¿Qué digo al respecto?  Lo mismo que la película:  muchas mujeres, por decepción amatoria con los hombres, caen en las garras del lesbianismo.  La lesbiana consuela con eficiencia, como si su condición de mujer, por antonomasia conocedora de lo femenino, le diera esa ventaja en la captura de su víctima.  Finalmente, la película es como pocas estadounidenses en estos tiempos:  pausada, psicológica, muy lejos de lo espeluznante a que nos acostumbra ese mercado.

De tal modo pase el rato junto a mi eterno amigo, hasta el amanecer de hoy.