Mi acúfeno sigue igual de sonoro (o ruidoso), pero yo estoy bien, me siento bien.  Es una barbaridad lo que digo, pero es así.  He vuelto a mis rutinas de trabajo y escritura, y el ruido ahí.  ¿Cómo se puede decir que se está sano viviendo con un síntoma de alguna desconocida anormalidad?  Supongo que es la vida y el deseo de vivir lo que priva en nuestros audaces desprecios.

Supongo que es por el hecho de llegar a saber que la cosa no se cura así como así, o por el hecho de llegar a comprender que el acúfeno no tiene cura clínica en muchísimos casos.  Entonces uno, el animal humano, arrea fuerzas del interior para positivamente resignarse.

Estoy seguro que si hubiera una cura concreta por allí y fuese algo inaccesible, pongamos por caso, estaría tenso procurándola, dejándo sentir en mí la angustia de mi afección a modo de justificación.  “Estoy enfermo (oigo ruidos, me angustian, sufro); debo curarme”.  Así somos.

Por otro lado, debo de tener elevado los niveles de animalidad como para acostumbrarme al tormento y desear la vida a todo trance.  ¡Dios!    ¿Qué hay ─me pregunto─ de aquellas situaciones durísimas de angustia que me llevaron a rebajar diez kilos en dos semanas, en el principio? ¿Qué hay de aquello que me hacia pensar en morir como remedio a la ansiedad? ¿De aquello que me aterraba con la imaginación de que así estaría para toda la vida, bajo ruido, con el agravante ─es lo que enseña la literatura─ de saber que con la vejez el escándalo auditivo puede empeorar?  Los viejos (setenta, por ahí), ya por problemas de circulación, degeneración celular o fisiológica cojeante, en un alto porcentaje (7 de 10, si no me equivoco) empiezan a oír ruidos.

De importarme mucho menos a futuro el bendito acúfeno, me imagino que lo estaré enterrando.  Seremos tres:  yo, el mundo exterior y mi obviedad sonora, con existencia pero sin vida, como la pared que te rodea en tu cuarto sin que tu te percates de ello.

Lo escrito aquí me hizo recordar rápidamente la Terapia de Reentrenamiento de Acúfenos (TRT, enlazada a la derecha y abajo de esta página), con la que veo puntos en común en mi vida sin deliberadamente haberme puesto a seguir sus recomendaciones:  no uso enmascaradotes de frecuencia en mis oídos, tengo una ventana con ruidos exteriores en mi habitación, le voy quitando la significación siniestra del ruido al acúfeno…, parece que me voy habituando. Etcétera.