Días sin novedad.  No he reportado gran cosa en el diario porque no ha habido gran cosa que reportar.  Mi acúfeno sigue inocuo en general, aunque ya les refiero un breve y curioso momento de ayer en la noche.  Después de llevar a mi padre el día jueves, mi madre vino también a la ciudad, el día viernes.  La vi, la saludé, la abracé y la llevé al aeropuerto el día domingo.  Vale oro mi madre, está llena de conocimientos y sabidurías; se preocupa por la salud, sabe de salud y medicinal integral, aunque su contextura sea algo robusta; su compañero no se queda atrás, de forma que cuando ambos hablan sueltas prendas interesantes, espirituales y útiles.

De tanto no darle importancia al acúfeno, varías semanas hace ya, ayer me puse a experimentar en la tarde, hasta la noche.  ¡Humanos necios que somos, ¿eh?!  Mi método ha sido no pensar en el acúfeno, estar ocupado siempre, no descansar la mente fijándola siempre en algo…  Pero ayer, como el que se acerca al precipicio para medir la distancia a pesar del vértigo, sentí que los nocivos pensamientos me jalaron.  Me puse a imaginar que pasaría la vida con ese concierto siempre a mi lado, que por qué, por qué no para, por qué a uno…, en fin… 

El resultado:  en la noche se me hizo patente el grillo y me resultó difícil dejar de pensar en él.  Espero no vuelva a ocurrir, es decir, yo mismo espero no ser tan travieso y no andar por ahí jorungando con un palo las colmenas de avispas. El grillo me acucio hasta que me dormi, afortunadamente rápido.

Hay que considerar que ayer fue un día especial, de paso:  hice ayuno desde el amanecer para ir a la cita con la hidroterapia de colon en la tarde, ero no hubo agua en el consultorio de la doctora, cancelándose mi cita.  Resultado:  pase mi hambre hasta tarde y me debilité algo.  Estuve con sueño durante el día, sueño que se incrementó cuando comí con redoblada hambre, hambre acumulada.

Hoy voy a mi acupuntura, y no sé si a los masajes Ceragem.  Se me amontonó la compra de unos medicamentos y el dinero, por cierto, no sobra.