Ahora mismo tengo visita en casa.  Desde tierras orientales venezolanas, mi padre me visita.  Ante su curiosidad por mi salud, refiriéndose a mi acúfeno, le he contestado que cumplo ya dos semanas con acúfeno manso, hecho que celebro no con mucho ruido por aquello supersticioso de no darse muchos créditos para que no advenga luego una mala racha.

La semana ha volado.  Ayer me hice mi hidroterapia de colon, la quinta de un tratamiento de diez; también, como siempre, me apliqué acupuntura y masajes Ceragem, la primera el martes y los segundos el martes y jueves.  El lunes me purgo, y en su momento les refiero sus beneficios y con qué ingredientes.  Mañana parto al Centro Termal Las Trincheras, en Naguanagua, Valencia.  Voy con mi padre, para que él también, ya septuagenario, aproveche las propiedades curativas de las aguas de montaña.

Por la actividad (acondicionamiento del vehículo, compras, etc), no he escrito ni leído gran cosa.  Lo hago nuevamente el lunes.  Es lo bueno de no trabajar con horarios y ser libre en la medida de lo personal. Hay mucho trabajo. Quiero aprender tantas cosas. Me gustaría me riendiera el tiempo, queja que lanzo a pesar de que me muevo por horarios. En plazo breve, estaré considerando realizar unos cambios en mis rutinas y hacerme un poco más espiritual y literario, si cabe la expresión. Esto es, disminuir un poco mis pasiones políticas y dedicarme un poco más y mejor a la literatura. Tengo planes para reorganirzar lo escrito, terminar una nivola corta que tengo casi lista y centrarme en nuevos proyectos. Empezaré a ejercitar mis amores por la literatura y escribiré un poquitín más ambiciosamente. Todo esto, acúfeno mediante… Amén.