¿Les he dicho que estoy como habituándome al acúfeno?  Parece un efecto inevitable cuando tú comprendes que la vida no acaba y debes continuar.  Lo digo porque él sigue allí, rampante o campante como siempre, pero cada vez son mayores los períodos de tiempo en que lo ignoro.  Y lo digo, también, porque, a pesar de lo problemático que pueda resultar, uno continúa su diaria vida, intenta recuperar su rutina, superado el trauma inicial, por supuesto.

Para quien anda estrenándose en esta temible afección, leer aquí que habituarse es lo que queda cuando no puedes derrotar tajantemente al enemigo, con seguridad ha de resultar desalentador.  La pregunta es:  ¿qué pasa con esta afección?,  ¿es invencible?, ¿tendré que vivir con ella? 

La respuesta mía es la que di:  la vida continúa y, si el acúfeno no es del todo inhabilitante, ha de continuarse con lo que te deje habilitado para vivir.  ¡A caminar con los respectivos grillitos en la cabeza, a menos que no se quiera vivir más con un pequeño o gran ruido en medio de la testa! Para los que tienen un acúfeno severo o molesto, piénsese en quienes tienen otro traumático, realmente inhabilitante, esas personas que prácticamente no oyen el exterior por causa del alto volumen de sus ruidos internos.

Claro, es la verdad:  puede sonar a resignación.  Tener que aceptar un ruido para siempre, cerrar la lucha en el alma para hacerlo, suena tremendamente desolador.  Pero hay que decir que no es del todo así, no es exactamente resignación, en mi opinión:  es, mejor dicho, avance, derrota parcial del acúfeno al no hacerle mucho caso para continuar con nuestras vidas y rutinas.  Es muy probable que en lo sucesivo tenga lugar el fruto ansiado, sea ya por la causal indiferencia o por otras razones:  su erradicación y derrota completa.

Siempre recuerdo al señor aquel que se cayó del caballo y duró dos años con el tinnitus; se puso a trabajar en un mercado como vendedor para ahogar el ruido y, con el tiempo, su infierno cejó, desapareció.  A su decir, inicialmente, sufrió mucho.

Para quienes logran superar el impacto inicial, lo dicho es una fase inevitable.  Se quiere continuar, se quiere sanar, se decide aceptarlo allí bajo ignorancia mientras la cura llega, o mientras la enfermedad se va.