Ayer me sentí como una reacción química, si es válido decirlo así.  Después de escribir en la mañana un rato, tuve en mente ir a comer al Rincón Vegetariano, en Sabana Grande, que cierra a las 3:30 PM; pero tenía primero que pasar buscando un dinero para luego ir al estacionamiento a pagar la mensualidad.  Y después de todo, ir por mis masajes Ceragem.  Pero la cosa se complicó y mi humor fluctuó, así como mis energías.  De allí mi apreciación de “reacción química”, reacción química que somos al definirse el estado de nuestro cuerpo por el tipo de emoción que nos embargue:  ansiedad y estrés da como resultado un cuerpo irritado y tenso, al tal punto que empecé a sentir mi acúfeno algo más alto.

Así como que somos los afectados por el tinnitus, a la mar de sensibles respecto de los estímulos.  Como si uno anduviera siempre pendiente de medir la vida a través de la vara del acúfeno que suena en nuestra cabeza.

El asunto quedó así:  busqué el dinero, fui al estacionamiento y pagué, miré el reloj y constaté que ya no tenía tiempo para ir a comer al restaurante; me fui, entonces, a los masajes, olvidando que el bendito restaurante cerraba a las 3:30 PM, hora en que precisamente salía del consultorio de la terapeuta.  De paso, había una paciente en mi horario cuando llegué.

En estampida, fustigado por el hambre, me fui a preparar mis alimentos a casa.  ¡Qué remedio!  Tenía un ataque de hambre, como pocas me han dado, y eso se lo atribuyo a la serie de experimentaciones a la que estoy sometiendo mi organismo con los médicos, las dietas y los tratamientos.  Comí y, mágicamente, todo se arreglo, ipso facto.  Me sentí de lo mejor; cambió el mundo, mi percepción y el humor, hasta bajó el acúfeno.

Así, restañado, me fui a la Cinemateca y miré una película china, en el ciclo que les he dicho, llamada Tu y yo (2.005), de Ma Liwen.  La disfruté, y en ese rato descargué el peso de mis pasados apuros.  Película sencilla, como si fuera experimental, al natural, retrato de una conflictiva pero amorosa relación entre una adolescente y una anciana.

Finalmente, por haber almorzado tarde, cené como a las 9:30 PM, y dormí una noche buena.