El lunes tomé mi vehículo y me lancé a un ansiado recorrido por la ciudad.  Lo requería.  Si no me distraigo leyendo, lo hago espiando o trabajando la ciudad.  Estuve como hasta las 8:00 PM.  Con tantas tácticas y estrategias, mi acúfeno tendrá que ceder en algún momento, sea ya a fuerza de olvido o sea porque las acciones médicas que me aplique lo erradiquen (y séame permitido el optimismo y la arrogancia, ésta recomendada).

El día de ayer, martes, fui con la doctora homeópata.  Lo primero que me preguntó fue cómo seguía de mis chicharras.  Le dije que igual en intensidad, pero que yo lo toleraba más y que no me afectaba tanto como al principio.  Me respondió que era un buen principio.

Saludé a la secretaria y lo primero que me espetó fue su sorpresa por mi delgadez.  “¿Hasta dónde piensa llegar?”, fue su pregunta, y le respondí “Cinco kilogramos más”, señalando a la doctora.  Es decir, los veintidós kilos que he rebajo me han colocado en los ochenta actuales, nivel que ya me parece bien (mido 1,78 m.), pero, según cálculos de la homeópata, rebajaré otros cinco con la dieta vegetariana y los tratamientos.

Yo no lo creo.  Ya me siento bastante escuálido con lo que peso y pasaré a famélico con esos cinco kilogramos menos que ella calcula. Además, como muchísimo, aunque sean vegetales, y ese es mi talismán.

Concluí la colónica a la que acudo semanalmente con la doctora y me marché a casa, a continuar un rato en la computadora (la cita fue en la mañana) y con mi dieta de agua de coco y peras.  A decir verdad, a pesar de que yo no crea que rebaje otros cinco kilogramos, la debilidad que por momentos llegué a sentir me tambalearon un poco en la idea.  Son dos colónicas a la semana (la cola entubada durante una hora) y dos sesiones de veinticuatro horas de ayuno, ¡y durante cinco semanas!  Veremos… (Mis amigos bromean sobre que terminaré en amanerado con tanta hidroterapia de colon).

En la tarde me fui a los masajes Ceragem y a la acupuntura, donde me variaron los puntos.

Hoy, a pesar de que el acúfeno resuena en mis oídos (con más fuerza en el izquierdo), tengo la convicción de que lo derrotaré.  Él ha estado allí y no le hecho caso.  No me ha mortificado angustiosamente como antes, a pesar de su volumen.  Lo olvido por ratos, ratos que aspiro sean mayores.  Y, si no es así, que no salga de él vía indiferencia, confió en que lo eliminaré con tantos tratamientos enfocados sobre mi cuerpo y alma:  meditación, yoga, masajes, acupuntura, aromaterapia, terapia floral, terapia de oligoelementos (vitaminas y minerales), literatura y escritura. Además, en la medida en que retomo mi rutina antigua de vida, me certifico en que lo venzo poco a poco.

Hoy iré al cine, explorare los centros de recreación de la ciudad (Teresa Carreño, Cinemateca, PDVSA La Estancia, Ateneo) y a lo mejor veo una película.

Acabo de comer dos arepas con huevos picantes y lechuga, con algo de ansiedad inevitable, dado el apetito que acumulé desde ayer.  Y esta tarde, antes de los masajes Ceragem, iré a un restaurante vegetariano y comeré doble para reponerme del ayuno. Amén.