Por esta semana suspendí los masajes Ceragem.  ¿Las razones?  Ocupado, escribiendo un informe para el curso de masaje energético que actualmente hago.  Para este sábado es la segunda clase.

De modo que algo de tiempo me ha servido para aprovecharlo en el cine.  Y ayer, ni corto ni perezoso, vi La Cucaracha (México, 1958), dirigida por Ismael Rodríguez, rebuena, órale, con unas actuaciones bárbaras de mujer y del mismo coronel Zeta, película proyectada en la Cinemateca Nacional, en el ciclo dedicado a la mujer llamado “Los oficios en el cine:  la actuación”.  Es un cine de primera calidad y es una muestra de la generación de directores prometedores que se ubicaron en la llamada “época de oro” del cine México, segunda época para algunos (la primera fase dorada la ubican entre 1915-20).  El film es de 1958, en las orillas del mencionado período, que comprende entre 1.936-57 (otros aseveran que el período debería restringirse a 1.939-45, tiempo de la segunda guerra mundial).

En todo caso, la película pertenece al acervo revolucionario fílmico de México, villista, específicamente.  Es muy estético asistir a la metamorfosis de una cucaracha, que no se “contenta con un solo macho”, al estado de mujer enamorada, bruscamente derrotada por el amor y la ternura.  Es una película realista y muy pendiente de la evolución sentimental de la bandolera.  Sus intérpretes son nada más y nada menos que María Félix, Dolores del Río, Emilio Fernández, Antonio Aguilar…, por mencionar los más conocidos.

La miré y la disfruté, y así, también, con el sonido pegajoso de la jerga mexicana y las imágenes pintorescas, distraje mi vida un poco de la persistencia de mi ruidos acufénicos (digamos así).

Hoy veré otra, ¿Qué fue de Baby Jane?, con Bette Davis y Joan Crawford.  Mañana les cuento.

Para despedirme, por hoy, les dejo un documento sobre el timo que me enviaron mis amigos vía correo electrónico.  Lo consideré de interés como para referírselos acá, breve de salud que podríamos aprovechar.  La presentación viene con un ejercicio de yoga incluido para estimularlo.

Transcribo algunas expresiones que pueden despertar su curiosidad sobre este tan pequeño y desconocido órgano del cuerpo:  “thymo’ significa energía vital”; “crece cuando estamos alegres y encoje [sic] a la mitad cuando estamos estresados”; dado que en las autopsias aparecía siempre encogido fue bombardeado por los científicos estadounidenses con rayos X, creyéndosele atrofiado; es un pilar de nuestro sistema inmunológico; genera células de defensa ante el ataque de microbios o toxinas; te genera un herpes ante tu pesimismo, se activa con el optimismo, etc, etc. 

Míralo aquí:  El timo.  Doy gracias a mis contactos por sus correos tan saludables.