Ayer tuve movida.  Hice diligencias en la tarde, después de los masajes Ceragem, que ahora procuro aplicármelos consecutivamente durante tres días (martes, miércoles y jueves).

Hice unos arreglos en casa, compré unas luces, entre otros detalles.

En los presentes momentos estoy en medio de una ayuna a base de agua de coco y peras, condición requerida por la homeópata antes de verme esta tarde a las 2:00.  Me reevaluara, después de dos semanas de empezar la dieta. El ayuno lo empecé ayer al mediodía.  Cumplo en estos momentos que escribo unas dieciocho horas.

Debo manifestar que no he sentido molestia alguna, ni ansiedad ni hambre.   El agua de coco como que tiene un efecto de saciedad, inhibidor del apetito, dado que hambre es lo que menos he sentido.

Por el contrario a molestias o ansiedades, en los últimos días, a pesar de la mal momento del resfriado, he estado excelentemente de salud.   Sobremanera ayer que, no obstante el ajetreo y el acúfeno, experimentaba una fortaleza increíble, un sentimiento de salud muy reconfortante.  Y lo atribuyo precisamente a lo que estoy haciendo, a la dieta depuradora y vegetariana que me aplico, a los medicamentos que la acompañan y, especialmente, a los componentes de aromaterapia que me preparo, unos para la relajación, otros para el resfriado, otros para la creatividad, intuición, etc.

Por ejemplo, desde que me aplico un compuesto de aromas en el difusor nocturno contra el resfriado, he dormido extraordinariamente bien.  Mi nariz se destapó, mis vías respiratorias permanecen amplias, limpias, normalmente húmedas y captan la oxigenación necesaria a satisfacción.  Pero no es sólo eso:  de ánimo he estado magníficamente estable, tranquilo, y podría atribuirlo a otros efectos colaterales de relajación de las fragancias vegetales.  El incienso, el geranio, la lavanda, la manzanilla, el azahar, la rosa, el Ylang ylan y el sándalo son ingredientes que he utilizado y que poseen un reconocido efecto relajante.

Otro ejemplo:  yo utilizo para mi hora de escribir dos compuestos estimulantes y relajantes a un tiempo:  uno para la creatividad y otro para la intuición.  Son preparados para difusor, para esparcir en el ambiente su fragancia.  Me los aplico durante toda la mañana, sea untado sobre la piel o como aceite para impregnar el ambiente mediante la lámpara difusora.  El compuesto para la creatividad es fuerte, bastante estimulante y puede alborotar molestamente la cabeza si se elabora muy densamente.

Ayer nomás rendí bastante en mi jornada de escritos: escribí dos artículos de análisis políticos de forma consecutiva, además de otros que desarrollo de forma inédita.

Y hablando de flores de Bach, tomo unas gotitas de Rock Water, para serenar y evitar la autopresión a la que uno se puede someter en función del logro de objetivos, para evitar la ansiedad antes tantas que uno quiere y tiene que hacer.

Digo, también, que mi sensibilidad hacia el acúfeno ha sido muy baja, al grado que he podido disfrutar de momentos sin oírlo.  Por supuesto, él siempre está allí; basta que yo lo conciencie para oírlo.  Yo siempre lo oigo, pero ayer me ocupé tanto, escribí bastante, leí tan a gusto que no le quedó otra opción que dejar de existir por momentos, aflojando un poco la garra perenne que practica sobre mí.