El día de ayer, miércoles, fue un poco acelerado.  Por no tener previsión, se amontonaron para último algunos ingredientes que había que comprar para consumirlos hoy jueves, un día previo a la cita con la homeópata.  Agua de coco y peras.

La tarde en Caracas vuela y su vida citadina apenas alcanza para cumplir los objetivos de las diligencias.   Se va el día repentinamente, entre colas, obstáculos en la vía, montones de gente caminando, tráfico.  Ayer comprábamos ─mi esposa y yo─ el equipo completo de las flores de Bach, con descuentos, aprovechando nuestra reciente condición de alumnos del primer nivel.  También realizábamos otras pequeñas diligencias, con el reto y remate final de conseguir la susodicha agua de coco, cosa algo más difícil en medio de una selva de concreto donde las palmeras son los edificios.

Para tal bagatela de diligencias, me vi obligado a suspender mis masajes Ceragem de las tardes, y hoy mismo, hay la probabilidad de que también los suspenda, según otras diligencias que tengo que hacer.

En fin, superado el rollo, no vinimos tarde, cenamos y nos instalamos a revisar el material.

Tuvimos dos pacientes, ya en el primer día con el equipo floral en casa.  Una amiga y nuestra hija.  Hacia ellas salieron nuestros primeros preparados.   Unas para ayudar a superar traumas del pasado y otras para la impaciencia y miedos.

Pensé en mí acúfeno, que, por cierto, ha estado dócil últimamente a mi sensibilidad.  ¿Gotitas para aplacarlo o erradicarlo?  No las hay así expresamente, pero la terapia floral se propone manejar un conjunto de emociones perjudiciales para el organismo cuando se desatan de modo desmedido.  Mi condición de afectado bien se podrá beneficiar de sus propiedades armonizantes de las energías, como puede definirse su terapia, terapia sutil de alivio y cura.  Miedos y emociones, terrores y nervios, pueden ser aplacados con Bach; y yo, desde un principio, no fui ajeno a tales desbarajustes, como he referido en estos reportes.

Hoy, aplacado, instruido algo más sobre los acúfenos y, por tanto, más racional (el miedo procede de la ignorancia), me dispongo a aprovechar los beneficios florales.  Estoy estudiando el sistema bachiano y en breve estaré automedicándome.  Mi objetivo:   mientras llega la cura para mi afección, me tranquilizo, me espacio, procuro condiciones idóneas de cura, mantengo a raya mi sistema límbico, donde se “cocinan” las reacciones fisiológicas a los estímulos emocionales.

Continúo en la lucha y, como saben que lo haré, estaré informando sobre las incidencias. Que yo mismo sea mi conejillo de Indias, me facilita las cosas.