Ayer llegué de mi segundo viaje al Centro Termal Las Trincheras, en Carabobo.  De improviso, pues la idea era alojarme allá hasta hoy, día domingo.  Pero no hubo necesidad:  disfrutamos del paisaje y de los beneficios de las aguas y del lugar en el tiempo de un día.

Nos vinimos como a las seis y media, planeando llegar en dos horas, pero la cosa se complicó con el volcamiento de una gandola en la Autopista Regional del Centro, retrasándonos durantes dos horas en la cola que se generó.  De paso, llovió ferozmente, con peligros.  Arribé a casa como a las diez de la noche.  Manejé lentamente, muy cauteloso.  La carretera escondía camufladas corrientes de agua que varias veces me desestabilizaron el vehículo, en medio de negra noche.

Desde el punto de vista de la salud y el entretenimiento, que es lo que busco, estuvo magnífico.  Me bañé en las termales, me metí a la sauna y me enlodé terapéuticamente.  Lo malo fue la pesada conducción final del vehículo, que me tensó un poco.

Demás está decir que la incursión me entretuvo, camuflando mi afección durante horas.  Inclusive manejar, así sea con tensión, me conduce a un olvido del acúfeno.

Por cierto, aclaro:  mi acúfeno sigue igual, no se cura con un baño o dos en aguas sulfurosas, para que no se crea que me como la ingenuidad de la cura mediante actos de magia.  Sólo que, como dije, busco el desarrollo y la aplicación de conceptos holísticos en materia de salud.  De hecho viajaré mensualmente para allá, y les estaré contando.

En cuanto a hoy, me fui otra vez al cine y vi dos películas.  Una infantil, para complacer la apetencia de la compañía, y la otra magnífica, cómica y seria a la vez, adulta, para complacer la mía.  Ésta fue Paul, la historia de un extraterrestre que intenta volver a su espacio de origen, después de escaparse de la prisión de los científicos norteamericanos.  La recomiendo.  Me parece que es lo mejorcito que hay en cartelera en estos momentos.  Inteligente, culta, graciosa.  Con todo el fenómeno monetario y de impacto que tuvo E.T., está comedia es más de mi gusto.  Hay que tener en cuenta que al presente es más difícil tener éxito con un tema tan trillado como el de los llamados “encuentros del tercer tipo”, cosa que logra Paul; en su tiempo, E.T. tuvo todas las ventajas de la novedad.

Caminamos ─mi esposa e hija─ por ahí, en general.  Ellas vieron los dinosaurios del parque Los Caobos y yo leía y fotografiaba las esculturas y a la gente que se me metía en el lente. Todo esto, por supuesto, mientras oía las fuentes y las chicharras. Un rato digamos en el paraíso del enmascaramiento.

A ratos, durante la proyección de la película, cuando me acordaba que tenía acúfeno, lo oía.  Pero fueron momentos breves, porque la mayor parte del tiempo me reí.

Hago constar que durante los fines de semanas, si es cierto que aflojo la rutina semanal de mis tratamientos, no los dejo del todo.  Tomo los suplementos como el zinc y el magnesio.  Nunca dejo las flores de Bach.

Tomé muchas fotografías, que me gusta tanto. No coloco ninguna porque no viene al caso tal ilustración en un blog que procura reflejar los vaivenes de una afección como el acúfeno.  Ya di idea de ambos lugares visitados (Las Trincheras y Parque Los Caobos) en anteriores reportes.  Coloqué las fotos de Las Trincheras para dar una idea a quien se interese por una opción de saludable en general (la primera vez que fui a mí casi me desaparece el acúfeno):  relajamiento, ambiente antiestrés, aguas medicinales. 

Si les puedo regalar una imagen de la Fuente Venezuela, de Ernesto Maragall, situada en el centro del parque Los Caobos, fémina (representativa de una región del país) que se lava el moño en la corriente.   Con ello sacio el gusto que me da fotografiar, y comnpartir con ustedes.

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