Hoy estoy mucho mejor.  Hice ayer mi acupuntura y, en definitiva, me afecta positivamente.  Cuando paso una semana si ella, mi acúfeno se dispara, como estaba disparado en estos días, después de venir del viaje.

Como les dije, durante el viaje me había bajado el tono, pero se subió al llegar al estrés de la ciudad.  El mismo viaje había imposibilitado que fuese a la cita con mi acupuntor, pero el efecto positivo de las aguas y el paseo estoy seguro compensaron la acupuntura.

Hoy mi acúfeno está más tolerable, lo cual constituye el misterio a aclarar.  Lo digo porque sin bajar su volumen mi organismo lo soporta mejor, y ello es un acondicionamiento que me da la acupuntura. Son nueve agujas benéficas que se me aplican al cuerpo: me estimulan dos canales: el Tou Mai y el Ren Mai, además de zonas en el oídos, manos y pies.

En estos días he vuelto a mis rutinas, acompañadas de buen sueño, mientras espero el fin de semana para otra vez viajar al Centro Termal Las Trincheras.  Nada nuevo al respecto.

Ayer cuando regresaba en la noche a casa, pensé en mi plaza O’Leary, con algo de nostalgia.  En definitiva, la he abandonado.  Ya no la requiero, porque controlo mi ansiedad.  Ella me sirvió para desahogar mi atolondramiento inicial generado por el acúfeno, para enmascarar el ruido y descansar, mientras leía y oía las fuentes de agua y el tráfico citadino.

De todos modos, ya estaba difícil permanecer mucho tiempo en ella. Abundan muchos caminantes, borrachos y pedigüeños que no te dejan en paz.  Y hay su peligro después de las nueves, al decir del custodio de la plaza.  La última vez que fui me vine insultado por una recoge-latas que se sentó a mi lado y me entabló una conversación, a la que no respondí sin despegar la vista de mi lectura.  Al rato se cansó de hablar sola , pero me deseó muchas cosas, entre ellas que la lengua que dios me había dado me la enterrase en… la hierba.

Al llegar en la noche a casa, eché un pasee por la INTERNET.  Fui al sitio de un amigo hiperacúsico y me leí el testimonio de una chicha con acúfeno, cuyo médico le indicó que la causa era el tabique desviado de su nariz, que no lo permitía una adecuada ventilación.   La opinión médica fue operar, pero la paciente buscó otra opinión médica que desdijo la primera.  Comento el caso porque siempre he tenido el tabique nasal desviado y el acúfeno vino a mí sólo cuando me enfermé de otitis, recientemente.

Estoy pendiente de todos modos para cuando vaya al médico. 

Reporto buen sueño y ánimo, a pesar de las alturas que mi acúfeno alcanzó en días pasados.