Una más de cine…, distrayendo el acúfeno

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Como les predije anteayer en la mañana, con el tiempo libre que tenía por no haber ido a las terapias Ceragem, ayer me fui un rato en la tarde a la Cinemateca Nacional a distraerme.  Está claro que fui en compañía de mi acúfeno.

Vi una película monumental, llamada ¿Qué fue de Baby Jane? (EEUU, 1.962), protagonizada por Bette Davis y Joan Crawford, dirigida por Robert Aldrich, en el mismo ciclo “Los oficios en el cine:  la actuación”, en homenaje a las mujeres como actrices.

No tenía idea de que existiese una película viejita (en blanco y negro) de tal categoría, poco conocida por lo que yo sé, pero obra maestra como sea.  Si usted quiere ver un duelo de actuación y penetrar en ese mundo femenino de las competencias, envidias, amores, chismes, pasiones…, véala.  Yo, hombre con acúfeno, que ando esculcando las mejores opciones para distraer mi afección, la recomiendo, y me perdonan el sarcasmo al amor propio.

Durante la mañana, antes de salir a la farándula, escribí y, bueno, hice mi rutina:  ejercicios (faciales, yoga y cuello, respiración, meditación); desayuné una ensalada de lechuga, con zanahoria y cebolla, además de yogurt y el complemento vitamínico; tomé mis medicamentos:  los homeopáticos para el oído, el magnesio, las flores en gotas, el Ginkgo Biloba, etc.  En cuanto a la arcilla, la he suspendido un poco, no por desgano sino por premuras a la hora de salir (me la coloco poco antes de salir a la calle).

Poco antes de la película, comi en un restaurant vegetariano en Sabana Grande, del que les hablaré luego.

De resto, nada más que contar.  ¡Ah, el acúfeno…!  Sigue igual, pero, se entiende, uno espera y no ceja en la lucha.

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Fui al cine con mi acúfeno, es decir, solo

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Por esta semana suspendí los masajes Ceragem.  ¿Las razones?  Ocupado, escribiendo un informe para el curso de masaje energético que actualmente hago.  Para este sábado es la segunda clase.

De modo que algo de tiempo me ha servido para aprovecharlo en el cine.  Y ayer, ni corto ni perezoso, vi La Cucaracha (México, 1958), dirigida por Ismael Rodríguez, rebuena, órale, con unas actuaciones bárbaras de mujer y del mismo coronel Zeta, película proyectada en la Cinemateca Nacional, en el ciclo dedicado a la mujer llamado “Los oficios en el cine:  la actuación”.  Es un cine de primera calidad y es una muestra de la generación de directores prometedores que se ubicaron en la llamada “época de oro” del cine México, segunda época para algunos (la primera fase dorada la ubican entre 1915-20).  El film es de 1958, en las orillas del mencionado período, que comprende entre 1.936-57 (otros aseveran que el período debería restringirse a 1.939-45, tiempo de la segunda guerra mundial).

En todo caso, la película pertenece al acervo revolucionario fílmico de México, villista, específicamente.  Es muy estético asistir a la metamorfosis de una cucaracha, que no se “contenta con un solo macho”, al estado de mujer enamorada, bruscamente derrotada por el amor y la ternura.  Es una película realista y muy pendiente de la evolución sentimental de la bandolera.  Sus intérpretes son nada más y nada menos que María Félix, Dolores del Río, Emilio Fernández, Antonio Aguilar…, por mencionar los más conocidos.

La miré y la disfruté, y así, también, con el sonido pegajoso de la jerga mexicana y las imágenes pintorescas, distraje mi vida un poco de la persistencia de mi ruidos acufénicos (digamos así).

Hoy veré otra, ¿Qué fue de Baby Jane?, con Bette Davis y Joan Crawford.  Mañana les cuento.

Para despedirme, por hoy, les dejo un documento sobre el timo que me enviaron mis amigos vía correo electrónico.  Lo consideré de interés como para referírselos acá, breve de salud que podríamos aprovechar.  La presentación viene con un ejercicio de yoga incluido para estimularlo.

Transcribo algunas expresiones que pueden despertar su curiosidad sobre este tan pequeño y desconocido órgano del cuerpo:  “thymo’ significa energía vital”; “crece cuando estamos alegres y encoje [sic] a la mitad cuando estamos estresados”; dado que en las autopsias aparecía siempre encogido fue bombardeado por los científicos estadounidenses con rayos X, creyéndosele atrofiado; es un pilar de nuestro sistema inmunológico; genera células de defensa ante el ataque de microbios o toxinas; te genera un herpes ante tu pesimismo, se activa con el optimismo, etc, etc. 

Míralo aquí:  El timo.  Doy gracias a mis contactos por sus correos tan saludables.

Algo de dolor con la acupuntura. Dieta, cine…

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Ayer recibí acupuntura, los nueve puntos de siempre.  Es la terapia de alivio contra mis acúfenos que más aprecio.  Siempre me fortalece mi tolerancia al acúfeno, que sé está allí rampante con una única e incambiada fuerza.  Me la aplico los martes, al principio de la semana, porque tengo la idea de que, si me mejora, su efecto me cubrira la semana completa y podré así yo cumplir con mis objetivos lo más sereno posible.

Pero ayer por primera vez fue dolorosa o, para no exagerar, molesta.  El punto sobre el cogollo de la cabeza fue fuerte, explosivo, y el efecto de la punción de la aguja se me extendió hasta la frente.  Me dije dos cosas:  (1) quien me la aplica no es mi acupuntora regular (está de vacaciones) y no tiene la suficiente pericia, y (2) si me hace un efecto notable ha de ser positivo en tanto efecto.

Estoy comiendo normalmente, es decir, ya no hago ayunos de coco y pera (es sólo previo a la sesión colónica), y como mis vegetales:  pan árabe, casabe, quinua, ensaladas (lechuga, pepino, perejil, cilantro, palmito, papa, carne de soya), arroz, espaguetis con espinacas y huevos, lo único de origen animal que ingiero, además de un complemento nutricional como herbalife o ensure.

Mi acúfeno continúa igual, pero, digo lo de siempre:  lo tolero más y tengo la esperanza de erradicarlo trabajando por la salud de mi cuerpo en general.

Les dije ayer que les comentaría sobre un bajón de energía del día viernes pasado.  Fue así en efecto, después de toda una mañana de ayuno con las mencionadas y peras y agua de coco.  Durante la tarde, caminé bastante, hice diligencias y el esfuerzo como que pasó factura.  Sentía mucho sueño.

Al llegar a casa, hacia el atardecer, sentí deseos irresistible de acostarme, pero me contuve pensando en que si descansaba me restaría sueño para la noche.  De tal modo que protegí mi desfallecimiento o cansancio para cuando llegase el momento de dormir, para dormir con todas las fuerzas.  Pero el acúfeno se me hizo notable y no pude evitar que me visitaran los pensamientos pesimistas sobre la afección, afección que nunca se detiene, jamás se calla, con la aterradora noción de que es posible sufrirla para toda la vida.  Logré contenerme y distraer semejante carga negativa, que pujaba por averiarme.  Me puse a leer sobre aromaterapia y a preparar algunas combinaciones para salir del bache.

La sensación me duró hasta el día sábado en la mañana, luego de lo cual la superé, hasta hoy.

Les comento que durante el fin de semana (o antes) vi la película francesa llamada 8 mujeres (2002), en el ciclo de cine que proyectan la Cinemateca Nacional y el Centro de Estudios Rómulo Gallegos (CELARG), llamado “Los oficios en el cine:  la actuación”, ciclo dedicado a las mujeres.  Y simplemente me pareció descomunal:  una película con un argumento si se quiere banal (un crimen), pero redimensionada hasta un extremo tope en virtud de la actuación de las 8 mujeres:  Catherine Deneuve, Isabelle Huppert, Emmanuelle Béart, Fanny Ardant, Virginie Ledoyen, Danielle Darrieux, Firmine Richard, Ludivine Sagnier y Dominique Lamure, bajo la dirección de François Ozon:  simplemente una joya.  Sin contar que es una película del tipo coral, de esas donde los actores toman un espacio para cantar, no muy de mi gusto.

Les cuento del cine porque es uno de mis escapes favoritos, hoy más que nunca cuando me aqueja un terrible acúfeno.

Finalmente, exploré bastante la ciudad con el carro, manejando por toda Caracas, trabajando algo mientras olvido.

 

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Ayuno, dieta e hidroterapia del colon para un fin de semana complicado

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No reporto por aquí desde el día viernes pasado.  Significa que se me han quedado sin relato el día viernes, sábado, domingo y lunes, lo cual no es usual, porque no dejo que el acumulado llegue a cuatro días.  Normalmente dejo acumular sábado y domingo, y el día lunes estoy ya escribiendo.

Pero, véase, hoy es martes. No haré detalles de cada día, sino de la causa que me ha mantenido absorto y sin tiempo para escribir.

La razón está en los tratamientos.  Como les dije el viernes (Aromaterapia, vida diaria y acúfeno), ando en trámites de un ayuno que me recetó la homeópata.  Bueno, hoy no, ya lo terminé esta mañana a las siete.  Pero en los días pasados, especialmente el día viernes (que era el día de la cita con la doctora), anduve en eso.

El cuento es que lo hice indebidamente (el ayuno) y tuve que repetirlo desde ayer hasta hoy, pudiéndome chequear con la homeópata ayer mismo, después de cumplirla cabalmente.  Fui el viernes al consultorio, pero de entrada la doctora me retiró.  Me preguntó cuándo había iniciado el ayuno y, cuando le dije que el jueves (un día anterior), me expulsó del consultorio.  “Véngase el lunes y el mismo lunes a las 7:00 AM empieza el ayuno”.  La cita fue para las 10:00. 

Así que pasé, inútilmente para cita médica ─aunque no así para la salud─, dos días tomando agua de coco y comiendo peras.

Finalmente, ayer me atendió.  Y fue una maravilla de consulta por todo lo aprendido, aunque te entubaran el trasero con equipos para hidroterapia del colon como precio.  ¡Vaya, vaya, lo que uno tiene que experimentar con tal de amarrarse a la salud!  Mientras la doctora verificaba el procedimiento y examinaba las heces (coloración, consistencia, etc), me entabló una conversación sobre los intestinos, combinada con una auscultación de tipo psicológica.  Es decir, mientras me explicaba cómo funcionaban los intestinos, me hacía preguntas de carácter personal con el fin de redondear un diagnóstico, apoyado en las observaciones de su trabajo.

El resultado fue “colérico”.  Así me lo expresó:  “Usted es una persona colérica y debe someterse a observación para lograr un control.  No le pido que controle o se trague su cólera, pero, en virtud de la observación que usted realizará sobre su comportamiento a partir de hoy, empezará a razonar sobre el hecho.  Contar hasta diez o caminar antes de responder cualquier cosa que lo “desate” será su tarea a partir de hoy.  Razonar y, al cabo de la caminata o del conteo, volver para expresar su punto de vista sobre lo causó su cólera.  El objetivo:  la salud, evitar que emociones inadecuadamente drenadas dañen su organismo”.

“Interesante”, “sencillo pero magnífico consejo”, me dije, no muy lejos de la realidad, por cierto.  Yo soy sistemático y minucioso, y, en el contexto de mi lugar de trabajo, por ejemplo, donde tengo mi orden, no tolero modificaciones del entorno.  Ello me exacerba, me irrita, y me pone a pensar en la torpeza e incomprensión de los demás por los nuestros aperos personales, a pensar en la violación de los espacios que uno marca especialmente como privados.

Aparte el feo rasgo descrito, debo manifestar lo interesante de la charla de la homeópata.  Su método es trabajar las huellas del historial traumático grabadas en lo físico de las personas, en lo orgánico, combinando el procedimiento, como dije, con lo psíquico.  El objetivo es borrar la memoria de problemas estampada en el cuerpo para, con el paralelo trabajo psíquico, obtener un resultado de cura o, al menos, de condiciones propiciantes de ella. 

La novedad es que el tratamiento consiste en ¡diez “colónicas”!, que es como se llama la limpieza de colon, distribuidos en lotes de dos semanales.  O sea, que esta semana (el viernes), me toca otra sesión, y así hasta la décima, hasta que el colon de quien le habla quede reluciente de blancura.

La medicina tradicional china considera a los riñones como la ventana expresiva de los oídos (hablando ya de lo que me afecta, mis oidos).  Se lo comenté a la doctora y le gustó el comentario, y por ahí hablamos.  Lesiones en los riñones repercuten en el oído y viceversa.  Hablamos, en fin, de vísceras en general, mientras yo me convencía de la razón que había en sus palabras, especialmente cuando hablaba sobre la memoria del cuerpo y los eventos traumáticos.

Tiene lógica.  Si tú eres colérico, puedes reventar tu corazón en medio de un acceso.  Si tú sufres una tragedia, una pérdida, es claro que ciertos órganos del cuerpo padecen la conmoción (nada más piénsese en el timo, que se encoge ante el efecto de la tristeza y se esponja con la alegría y el optimismo).  Si tú no duermes porque piensas con mucha recurrencia en un punto fijo, podrías desarrollar el insomnio.  Si padeces una enfermedad, demás está decir que los órganos en general (no mencionemos en exclusiva a los afectados) acusan un efecto no precisamente positivo.  El punto es que queda una huella, una impresión, en tu organismo, coordinada con el evento psíquico de recordar los momentos duros de la enfermedad (mente-cuerpo).  He de suponer que, así como los oídos mantienen una relación comunicativa con los riñones, afectando con una pisada por aquí con una huella por allá y viceversa, las vísceras han de ser una suerte de alfombra global que recoge las pisadas traumáticas en el organismo.  Empalagosa idea que se me antoja, personalmente, sin confirmación científica, es claro.

Mañana les cuento algo sobre un momento de falta de energía que tuve el día viernes y sobre un ejercicio nuevo que estoy haciendo para estimular el timo, una pieza clave en lo que respecta a sistema inmunológico); sobre algo de cine y trabajo con el carro.

Aromaterapia, vida diaria y acúfeno

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Ayer tuve movida.  Hice diligencias en la tarde, después de los masajes Ceragem, que ahora procuro aplicármelos consecutivamente durante tres días (martes, miércoles y jueves).

Hice unos arreglos en casa, compré unas luces, entre otros detalles.

En los presentes momentos estoy en medio de una ayuna a base de agua de coco y peras, condición requerida por la homeópata antes de verme esta tarde a las 2:00.  Me reevaluara, después de dos semanas de empezar la dieta. El ayuno lo empecé ayer al mediodía.  Cumplo en estos momentos que escribo unas dieciocho horas.

Debo manifestar que no he sentido molestia alguna, ni ansiedad ni hambre.   El agua de coco como que tiene un efecto de saciedad, inhibidor del apetito, dado que hambre es lo que menos he sentido.

Por el contrario a molestias o ansiedades, en los últimos días, a pesar de la mal momento del resfriado, he estado excelentemente de salud.   Sobremanera ayer que, no obstante el ajetreo y el acúfeno, experimentaba una fortaleza increíble, un sentimiento de salud muy reconfortante.  Y lo atribuyo precisamente a lo que estoy haciendo, a la dieta depuradora y vegetariana que me aplico, a los medicamentos que la acompañan y, especialmente, a los componentes de aromaterapia que me preparo, unos para la relajación, otros para el resfriado, otros para la creatividad, intuición, etc.

Por ejemplo, desde que me aplico un compuesto de aromas en el difusor nocturno contra el resfriado, he dormido extraordinariamente bien.  Mi nariz se destapó, mis vías respiratorias permanecen amplias, limpias, normalmente húmedas y captan la oxigenación necesaria a satisfacción.  Pero no es sólo eso:  de ánimo he estado magníficamente estable, tranquilo, y podría atribuirlo a otros efectos colaterales de relajación de las fragancias vegetales.  El incienso, el geranio, la lavanda, la manzanilla, el azahar, la rosa, el Ylang ylan y el sándalo son ingredientes que he utilizado y que poseen un reconocido efecto relajante.

Otro ejemplo:  yo utilizo para mi hora de escribir dos compuestos estimulantes y relajantes a un tiempo:  uno para la creatividad y otro para la intuición.  Son preparados para difusor, para esparcir en el ambiente su fragancia.  Me los aplico durante toda la mañana, sea untado sobre la piel o como aceite para impregnar el ambiente mediante la lámpara difusora.  El compuesto para la creatividad es fuerte, bastante estimulante y puede alborotar molestamente la cabeza si se elabora muy densamente.

Ayer nomás rendí bastante en mi jornada de escritos: escribí dos artículos de análisis políticos de forma consecutiva, además de otros que desarrollo de forma inédita.

Y hablando de flores de Bach, tomo unas gotitas de Rock Water, para serenar y evitar la autopresión a la que uno se puede someter en función del logro de objetivos, para evitar la ansiedad antes tantas que uno quiere y tiene que hacer.

Digo, también, que mi sensibilidad hacia el acúfeno ha sido muy baja, al grado que he podido disfrutar de momentos sin oírlo.  Por supuesto, él siempre está allí; basta que yo lo conciencie para oírlo.  Yo siempre lo oigo, pero ayer me ocupé tanto, escribí bastante, leí tan a gusto que no le quedó otra opción que dejar de existir por momentos, aflojando un poco la garra perenne que practica sobre mí.

Flores de Bach y acúfeno

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El día de ayer, miércoles, fue un poco acelerado.  Por no tener previsión, se amontonaron para último algunos ingredientes que había que comprar para consumirlos hoy jueves, un día previo a la cita con la homeópata.  Agua de coco y peras.

La tarde en Caracas vuela y su vida citadina apenas alcanza para cumplir los objetivos de las diligencias.   Se va el día repentinamente, entre colas, obstáculos en la vía, montones de gente caminando, tráfico.  Ayer comprábamos ─mi esposa y yo─ el equipo completo de las flores de Bach, con descuentos, aprovechando nuestra reciente condición de alumnos del primer nivel.  También realizábamos otras pequeñas diligencias, con el reto y remate final de conseguir la susodicha agua de coco, cosa algo más difícil en medio de una selva de concreto donde las palmeras son los edificios.

Para tal bagatela de diligencias, me vi obligado a suspender mis masajes Ceragem de las tardes, y hoy mismo, hay la probabilidad de que también los suspenda, según otras diligencias que tengo que hacer.

En fin, superado el rollo, no vinimos tarde, cenamos y nos instalamos a revisar el material.

Tuvimos dos pacientes, ya en el primer día con el equipo floral en casa.  Una amiga y nuestra hija.  Hacia ellas salieron nuestros primeros preparados.   Unas para ayudar a superar traumas del pasado y otras para la impaciencia y miedos.

Pensé en mí acúfeno, que, por cierto, ha estado dócil últimamente a mi sensibilidad.  ¿Gotitas para aplacarlo o erradicarlo?  No las hay así expresamente, pero la terapia floral se propone manejar un conjunto de emociones perjudiciales para el organismo cuando se desatan de modo desmedido.  Mi condición de afectado bien se podrá beneficiar de sus propiedades armonizantes de las energías, como puede definirse su terapia, terapia sutil de alivio y cura.  Miedos y emociones, terrores y nervios, pueden ser aplacados con Bach; y yo, desde un principio, no fui ajeno a tales desbarajustes, como he referido en estos reportes.

Hoy, aplacado, instruido algo más sobre los acúfenos y, por tanto, más racional (el miedo procede de la ignorancia), me dispongo a aprovechar los beneficios florales.  Estoy estudiando el sistema bachiano y en breve estaré automedicándome.  Mi objetivo:   mientras llega la cura para mi afección, me tranquilizo, me espacio, procuro condiciones idóneas de cura, mantengo a raya mi sistema límbico, donde se “cocinan” las reacciones fisiológicas a los estímulos emocionales.

Continúo en la lucha y, como saben que lo haré, estaré informando sobre las incidencias. Que yo mismo sea mi conejillo de Indias, me facilita las cosas.

Rutina del martes, sin novedad.

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Sin novedades el día martes.  Después de aplicarme mis masajes Ceragem y la acupuntura, estuve fuera caminando bastante rato, siempre distrayendo mi afección.  Llegada la hora de dormir, hubo buen sueño.

Al día de hoy, hago esfuerzos para restablecerme en una disciplinada actividad de escritura, trabajo y tiempo para las terapias, últimas éstas consistentes en la acupuntura y los masajes.  Dado que ya la normalidad vuelve, es decir, empiezan las clases, yo también dejo un poco la informalidad y me enserio, como se dice.  Desde el lunes he estado tratando de volver a mi vieja rutina:  estudio, escritura, trabajo.  Arrastro viejos sueños de tener tiempo para estudiar filosofía, y que hago, pero ahí maltrecha e irregularmente.

Ayer fue un día de agua.  La lluvia me encerró en el consultorio de la terapeuta Ceragem, retardándome para todo.  Empezó el yoga en el club al que pertenezco, pero no me animo a asistir aún. Estoy pensando cambiar de horario o en comprar un manual de estudio para hacerlo personalmente en casa.

Sigo en la lucha contra mis ruidos.  Sigo a la expectativa, observándome.

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