I

Otro buen fin de semana, con una novedad.  Resumo.

El viernes estuve ahí-ahí con mi acúfeno, algo sentido en la mañana mientras escribía y leía.  Aunque debo confesar que fue ─digamos─ una pequeña crisis de momento, superada sin percances hasta hoy.  Como he dicho, por más fuerte que se sea, el pitido permanente en algún momento te hace claudicar y liberar la química indeseada de las emociones pésimas.

Hice vida en el computador como hasta la 1:00, cuando me fui hacia la novedad que les anuncié.  Conocí a una terapeuta holística en el consultorio de mi odontólogo y decidí explorar mejorías con ella.  Ofrece masajes energéticos, basados en la técnica de la acupresión o en la técnica que recrea la estimulación de los puntos que trabaja la acupuntura, pero sin agujas, lógicamente, a fuerza de dedos y manos.

Posee, además, un aparato de masaje compuesto por calor, piedras de jade y luz de neón, básicamente para aplicar en la espalda, con emisión de luz infrarroja y con procura de efectos quiroprácticos.  Es decir, con el propósito de enderezar la columna vertebral, fortalecerla y estimular las terminaciones nerviosas que circunscriben a la médula espinal.  Para mi caso, persona con tinnitus, tiene una especial importancia, puesto que yo buscaba hace un tiempo el servicio de un osteópata, pensando siempre en la probabilidad de que mis músculos o huesos lumbares pudieran tener alguna incidencia en mi acúfeno al presionar algún nervio periférico o al emitir algún efecto de contractura.

Ella no es osteópata, pero su máquina me atrajo y decidí someterme a la sesión de veintiún masajes que me ofreció en tratamiento.  Como advierte la introducción al uso de esta técnica, “Hay que tener claro que esta técnica de relajación no sana enfermedades ya diagnosticadas, sino que ayuda a sobrellevarlas aportando una mejor calidad de vida”, no me sorprendí, dado que tal pareciera ser el lema de cualquier tratamiento que usted imagine contra el acúfeno.

Sin embargo, busco atacar zonas periféricas, y periféricas mejorías.  Es decir, procura al menos mejoría si es que el acúfeno no tuviese cura a ciencia cierta.  La técnica con jade y su energía infrarroja es relajante, correctora de la posición oseo-muscular dorsal, estimulante de la función nerviosa, entre muchos más efectos.  Su efecto antiestrés es para mi suficiente debido a que, en una persona con mi afección, el control del sistema límbico (de donde se disparan las emociones que pueden alterar el sistema nervioso central) es fundamental.

Alivio es lo que busco, mientras llega la cura.  La técnica también promete fortaleza del sistema inmunológico con su efecto estimulante a través de la luz infrarroja y calor de luz de neón.  Los siguientes puntos me persuadieron de su uso:

  • Estimula el sistema inmunológico
  • Elimina el estrés
  • Dilatación y mejora de la circulación sanguínea
  • Propiedades antiiflamatorias
  • Disminuye los ácidos grados depositados en las arterias

Por supuesto, me gustaría que dijera “elimina el acúfeno”, pero ya he comentado al respecto.

II

La tarde del mismo día tuve la intención de salir a pasear mi carro montando transeúntes que paguen por ello (je, je, me río de mi manera de denominar el taxismo, que me apasiona, que me brinda la oportunidad de examinar a mi gusto la ciudad).  Pero no me fue de los mejor, llovió tormentosamente y me vi obligado a detenerme.  Aproveché para hacer de mecánico y le cambié el aceite y filtro del motor al carro.  Debo acotar que durante este lapso de tiempo, con el murmullo de la lluvia y el ajetreo del trabajo, fui feliz, no oí al don tinnitus y la pasé de lo mejor. Quise quedarme siempre así.

El sábado ni leí ni escribí una letra y me dediqué a llevar al terminal de pasajeros a mi esposa e hija que salían de viaje, a cargar la batería emocional con sus parientes.  Estará ausente durante una semana. Trabajé en la tarde.

El domingo me lancé un rato al mercado de Quinta Crespo a buscar hierbas y frutas, ruleteé el carro durante la tarde y luego me fui un rato a leer.  El sueño ha sido bueno hasta hoy.