Anoche no tuve el mejor sueño, pero no diré que fue por causa del tinnitus.  Tampoco iré a salpicar todo con la causa del acúfeno.  Se debió a mi nariz, con tabique desviado, que cada vez más, muy lentamente, me dificulta respirar plenamente.

Se tapa una fosa y debo voltear el cuerpo para que se destape, hasta que se tape la otra.  Y así.

Ayer en la tarde me fui a mi sesión de acupuntura.  La doctora me aumento en dos la cantidad de agujas, es decir, once.  Lo corriente eran nueve, pero me punzó debajo de la palma de la mano, a la altura de las muñecas. Tal fue la novedad.

Conversé un rato con ella.  Le manifesté que sí he sentido mejoría con la acupuntura, y que, cuando cerraron durante una semana, mi sensibilidad hacia el ruido aumentó notablemente, mitigándose cuando volví con las agujas.  Me dijo que ocurre mucho que la gente no crea plenamente en los beneficios terapéuticos de la acupuntura.

Antes de que me atendieran, me hicieron esperar unos quince minutos, acostado en una cama de esas de hospital, completamente planas y horizontales.  No me imaginé que tuviese sueño, pero luché para no dormirme y creo que no lo logré del todo, porque me oí roncar.  Es que el ambiente del lugar induce al sueño:  huele a tabaco, a esencias aromáticas, a restauración.

Durante la espera, en medio de un mayoritario silencio y un murmullo de voces lejano, también me puse a oír mi acúfeno, cosa que no había hecho en días.  Me tapé un oído, luego ambos, para tasar su intensidad, y no fue buena idea.  Mi acúfeno volvió a mi conciencia, no pudiéndomelo quitar hasta la hora de dormir, o hasta hoy, que amaneció manso.  Sin duda, la conciencia de nuestro acúfeno aumenta la sensibilidad sonora hacia él.  Pensar en él le da vida.

Pero es inevitable claudicar a ratos.  Él suena en el fondo de la cabeza incansablemente y en algún momento uno se cansa, aunque uno se lo confiese brevemente.

Como me matriculé en un curso de masaje energético en el lugar donde me aplico la acupuntura, me compré el libro base de estudio, el mismo que utilizan para la acupuntura:  J.L. Padilla Corral:  Tratado de sanación en el arte del soplo.  Un librazo de ochocientas páginas, con ilustraciones de músculos, nervios, canales nerviosos y cuerpos penetrados por cientos de agujas.

Al momento que escribo, mi acúfeno es manejable, significando esto, como he dicho siempre, que baja su frecuencia sonora, aunque no el volumen.

Otra cosa que hice fue abrir un grupo en Facebook para captar gente con acúfenos y compartir sus experiencias.  Se llama Luchemos contra el acúfeno – Venezuela.