De acuerdo con la literatura, hay un 4% de los afectados por acúfeno que está en una situación de discapacidad.  Se dice que el 17% de la población mundial lo padece o ha padecido, y leo que en los EEUU nada más hay 16 millones de casos.

Ahora que lo padezco y ando más sensible a lo que se diga sobre la afección y los afectados, notó que en verdad es un problema y más extendido de lo que antes hubiera podido notar.  Si antes alguien me hubiera comentado, por ejemplo, “Tengo un ruidito en el oído”, a lo mejor habría yo exclamado “¡Tonterías, es un ruidito! Se te pasará”.

Pero ahora que veo al monstruo por dentro, o mejor dicho, que lo incubo, las orejas y mi percepción como que se estiraron.  Descubro amigos con acúfenos ocasionales, a destajo, o con ruidos en los oídos mientras padecen una gripe.  Me llegan historias de señoras que oyen un tinnitus una hora diaria.  Hace un mes nada más me contaron de una ama de casa que descubrió un “horrible” ruido en sus oídos un día que se quedó sin electricidad y la rodeó el silencio, no pudiendo dormir la primera noche, sintiendo enloquecer después, hasta que ¡pum!, se le fue de repente, así como le vino.

Ese exterior ha estado allí, con gran insensibilidad de mi parte, naturalmente, por no ser parte interesada.  Ahora tengo acúfeno, en ambos oídos, de severo a moderado, y, a pesar de no considerarme un discapacitado, mis auditivos ruidos me han puesto a correr, a sufrir en un principio la angustia de la novedad, a adoptar precauciones y probables curas que, a no dudar, han modificado mi esquema vital

Aunque ya lo he hecho (ver “Lo que estoy tomando por recomendación de lecturas y holista” y “Lunes de exploración: incorporo el zinc y el ginseng como soldados para luchar contra mi acúfeno”) , refiero el esquema de uno de mis días, teniendo en cuenta que es cambiante dado que uno lo aliñando con nuevas prácticas, medidas, precauciones, medicamentos, en la medida en que lee sobre el acúfeno y sus probables curas, en la medida en que conoce experiencias de personas en la misma situación.  Nunca que me imaginé que mi vida pudiera estar esquematizada, tan sometida a reloj como ahora.

  • 8:30 am:  me levanto
  • Tomo un ajo en ayunas
  • Tomo 20 gotas de manganeso
  • Paso al baño y realizo unos ejercicios faciales, los mismo que hice para superar la parálisis facial que me produjo la otitis, la gran responsable de mis cambios.
  • Me masajeo la cabeza en la parte posterior, en la orilla del occipital.
  • Me presiono los puntos de acupuntura para el oído.
  • Te presiono los oídos con ambas manos y, apuntando los dedos hacia la nuca, me tamborileo la cabeza con los índices.
  • Realizo unos ejercicios de yoga para el cuello y con presunta incidencia positiva para mi acúfeno, ejercicio recomendado por Coleman en su libro.  (1) Dirigir la cabeza hacia la derecha y la izquierda, hacia arriba y abajo, siempre manteniendo una presión de cabeza hacia abajo.
  • Oro.
  • Me baño.
  • A las 9:30 desayuno y tomo una pastilla de zinc y ginseng
  • Hacia las 10:00 estoy yendo al computador, hasta las 2:00, si no hay alguna diligencia que me corte el ciclo.
  • En el ínterin, tomo 2 cápsulas de equinácea (para el sistema inmunológico), flores de Bach (contra el estrés), magnesio, Septilin (medicamento homeopático para las infecciones respiratorias), polivitamínico, CoQ-10 (antioxidante), cardón lechozo (medicamento naturista para coadyuvar limpieza en el hígado), Ginkgo Biloba, me aplico sal marina en las fosas nasales, infusión de jengibre, infusión de muérdago, té verde.
  • 11:30:  me aplico arcilla.
  • Almuerzo de una a dos de la tarde.  Tomo Septilin, ginseng, echinácea y flores de Bach (un rato después), nuevamente.
  • Salgo y doy una vuelta en la ciudad, sea en carro o a pie.
  • Ceno a las 9:00 PM.  Septilin.  Flores de Bach.
  • A las 10:00 PM, empiezo una rutina previa al sueño:  infusiones de albahaca o eucalipto con gotas de árbol del té.
  • 10:30 PM:  baños de pies con agua caliente y fría.
  • 11:00 PM:  Preparo unas gotas aromáticas para dormir y las pongo en el difusor.

Como se ve, toda una farmacia humana (y se comprende por qué se dice que enloquecemos).  Ese esquema, por supuesto, resta tiempo; pero es el esfuerzo que hago para limpiar mi organismo y procurar mi cura.  Permanentemente leo y considero lo que incorporó a tan aderezada rutina.  Como se comprende, no es mi interés seguir complicándola con nuevos agregados, pero estoy pendiente de, cuando haya que descansar de alguna aplicación, incorporar otras.  Todo sea por el silencio, por reencontrar el silencio perdido.

A lo anterior, debo agregar que, si mal mi acúfeno no ha cedido, yo he mejorado para combatirlo y tolerarlo.  Hago esfuerzos por habituarme y enterrarlo en el olvido, aunque me digo siempre ¿cómo olvidar algo que está dentro de ti, llamando tu atención perpetuamente, como una trompetilla en tu oído?  Será cuestión de tiempo.  Veremos.

Finalmente, reporto que ayer lunes ejercí de electricista en casa (quebré la lámpara de instalación), pasé un día distraido del ruido y dormí un buen sueño.