Hasta hoy lunes, se me acumularon tres días de relato, desde el viernes.  Resumiré.

El viernes no tuvo novedad.  Seguí mi rutina, con la novedad de incorporar unas infusiones de eucaliptos y árbol del té (gotas aromáticas), que me aplico una semana sí y otra no para combatir cualquier probable formación sinusítica y para optimizar mis vías respiratorias.  Mi sueño fue bueno y mi acúfeno también.

El sábado el asunto cambió un poco, como son los fines de semana.  Dejé mi mascarilla de arcilla y salí a ruletear (entérese: significar conducir un taxi en América) mi vehiculo durante tres horas, hasta las ocho de la noche.  Lo nuevo fue que seguí una recomendación de un nuevo amigo “sonoro” que tengo, Candido acúfeno, o al menos la recomendación contenida en una de sus publicaciones del grupo que maneja, a saber, “Junto venceremos el acúfeno”.

El consejo es baños de agua caliente y fría, alternadamente, “para aclarar el tinnitus y eliminar el zumbido en los oídos”.  Consejo que me gustó y que repetí ayer domingo.  Nuevamente mi sueño fue bueno, como el acúfeno.

El domingo di una vuelta al carro, nuevamente, fisgoneando algo en la ciudad, más que todo por ello y, por supuesto, por mi acúfeno, que al parecer hay que sacarlo a “pasear”.  No tanto por el dinero, que no me sobra por cierto, pero lo digo para aclarar que, como es mi nueva vida, hasta las vueltas en carro las hago con fines terapéuticos.  Por supuesto, repetí mis infusiones, aprovechando siempre para darle un poco de calor a mis oídos.  Respecto del sueño, fue bueno, como también el acúfeno.

En conclusión, tuve un fin de semana acompañado por un acúfeno no tan fiero.

Y hoy en la mañana, que escribo, no reporto nada extrarordinario, más allá del ruido en mi oído, manejable, afortunadamente.

No más detalles por los momentos.