Ayer lunes sentí mejor la vida, por lo menos respecto a los últimos días.  Aunque el pito continuase allí igual, por lo menos no lo sentí con tanta fortaleza, cosa que me hace pensar que la diferencia la pone uno, el cuerpo, su configuración anímica o química…  Qué se yo.

Aparte de haber dejado de consumir mi Ginkgo Biloba, durante una semana ya, otra cosa que no tomé en los últimos días estos en que se me elevó (o sentí más) el acúfeno, fue el Oligo-neuro, un medicamento naturista que se bebe antes de dormir, hecho a base de valeriana y Passiflora.  Lo tomé de domingo para lunes y la noche del lunes con resultados de un sueño corrido.

He dicho que no me gusta condicionar el sueño, pero la homeópata me persuadió explicándome que no causaba ninguna adicción.  No digo yo que tenga ninguna incidencia en mi acúfeno, como no parece tenerlo, pero dopa para dormir fuertemente y ello es muy importante para ese 17% de la población mundial que padece de acúfeno y que necesita energías físicas y emocionales para afrontarlo.

Tuve la tarde libre, dado que no tengo yoga (la universidad tomó vacaciones).  Salí un rato a caminar por las vías populosas de Catia y me detuve un algo en la plaza O’Leary, donde leí un rato.  Siempre pienso en la literatura, en las novelas, en los cuentos, en mi ansiedad por aprender muchas cosas.  Siempre tengo apetito por la lectura y, también, siempre le pido a la vida que me deje vivir bastante, con buenos ojos y ¡oídos! (también) para ─si es posible─ morir leyendo y escribiendo.

Desde los quince años he andado garabateando escritos y leyendo, siempre preparándome para una edad como la que tengo ahora y empezar a escribir, o por lo menos hacerlo con más sistema.  Pero, ya se ve, las cosas no salen a cálculo.  Tengo mi acúfeno y me limita.  Me siento a escribir y leer y lo hago hasta que lo tolere.  Así es la vida.

No me pongo pesimista ni resentido.  Sólo protesto, si se quiere ver de algún modo una expresión de desaliento.  Mi poema del 1 de agosto (“Abeja y flor de un día”) es una protesta, un relativo caer de planes.  Yo sigo escribiendo, a pesar del acúfeno (me gusta mucho el tema político), y cada día busco la manera de hacerlo con él (el acúfeno) lo más que pueda pensando en el hecho de que es posible que no se me quite nunca.  De modo que a futuro puedan decir que soy un escritor con un fondo… sonoro (risas).

Reflexiones de esta índole me traen a memoria a César Vallejo (poeta peruano), quien sí llevó una vida dura y dolida como escritor en Francia, puestos a hablar de dureza.  Hay que quitarse el sombrero ante su vida, su resistencia, su empeño y, especialmente, su poesía.  Él si que pudo escribir unos poemas de recia tristeza (nadie busca hacer eso, sólo que el hombre consigna sobre el papel la expresión de su vida); él es el poeta del “Me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo”, “Yo nací un día / que Dios estuvo enfermo”, etc.

Transcribo a continuación su poema Los heraldos negros, verdadero lamento vital, para que se vea lo que es una queja o protesta real, en tan breves palabras:

Los heraldos negros
Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!
Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé! *

Siguiendo con mi plaza O’Leary, en pleno corazón de Caracas, frente a los bloques de El Silencio, no pude estar mucho tiempo allí sentado.  Empezó a llover y el agua me mandó a casa a mi rutina nocturna en casa.  Tuve reparador sueño, aliviante sueño (deseaba dormir y descansar un poco de las sonoras chicharras).

 

Notas:

* Pueden leer más poemas de Vallejo en Analítica.com (http://www.analitica.com/bitblioteca/vallejo/poemas_humanos.asp), poemas de esta índole, como los Poemas Humanos.