Ayer me levanté a las 8:30.  No dormí de lo mejor, pero descansé lo suficiente como para afrontar mi día y mi destino.  Escribí y jorungué bastante la computadora, hasta las 2:00 de la tarde.  Bastante, lo reconozco.

Desde la primeras horas, que fui al baño, me dejé unos algodones dentro de los oídos, como protección.  Empecé a oír mi acúfeno y porfié contra él un rato, como un loco contra el sol.  Mala cosa.

A partir de entonces, el ruido lo sentí a plenitud durante todo el día.  La lluvia que cayó en Caracas, 4:00 de la tarde, empeoró mi situación.   Mi talismán de mascarilla, que me apliqué como siempre, de nada me valió.  La lluvia calma, baja los ruidos.  Ella misma suena mientras cae, pero después que se va queda una ciudad como apagada del escándalo de siempre, entre murmullos.  Y ahí fue donde entré yo, a digerírmela toda.  El marco silencioso pronunció la existencia ruidosa de mi acúfeno.

Hice unas diligencias.  Compré unos medicamentos donde la homeópata, faltándome otros aún.  Fui a mi plaza O’Leary a leer un rato, donde siempre busco alivio.  Luego de lo cual, ya en la noche, no llegué como siempre a casa.  El ruido estaba ahí, nítido, empecinado.  Me serené un rato.  Aparté de mi mente los pensamientos condenatorios que me susurraban “¡Y es para toda la vida, y es para toda la vida!”  Razoné esto:  “No puedo darme el lujo a una debilidad, a un desplome de emociones, porque luego de lo cual el acúfeno seguiría allí y todo habría sido en vano, y hasta peor.  Paciencia.    Se patalea cuando lo que te aqueja puede pasar, pero no ante un destino, inexorablemente duradero (para el caso que mi acúfeno sea tan condenatorio)”.

Independiente de que mi reflexión haya sido pesimista o no, empecé a calmarme.  Retomé mi rutina y me aplique mis infusiones de eucalipto y árbol del té para las vías respiratorias; el alivio de mi acúfeno fue inmediato (aproveché a ponerme calor en cada oído).  Por lo menos dejé de oírlo con tanto protagonismo.  Dicen que el cielo aprieta, pero no ahoga.  Pensé en eso.

Me fui luego un rato a la computadora y empecé a prepararme para dormir, mientras leí un rato.  El sueño salió bueno.