Un día más.  Ayer fue lunes.  El acúfeno sigue igual, aunque conmigo más fuerte para afrontarlo.  Repito mi rutina matinal  (alimentos, medicamentos, mascarillas, escribo) y salgo de la casa como a las 2:00. 

Me voy con mi esposa a un sitio llamado Botica Pangea, en Altamira, donde venden aceites esenciales para aromaterapia, gotas de flores de Bach y en donde dictan cursos sobre el tema.  Mi esposa se inscribe, y yo ya lo estoy desde hace tiempo.

El yoga (a las 4:30) no me vino muy de perlas que digamos.  Seguía resentido muscularmente de la sesión del viernes y no rendí como hubiera querido.  Pero quemé energía, como sea, y yo pienso siempre que debo cansar mi cuerpo para conciliar un buen sueño durante la noche.  A propósito del ejercicio, he bajado de peso, de 86 kilogramos a 82 (mido 178 cm).  Yo pesaba 98 cuando vino a mí el acúfeno, y la sola ansiedad me bajo a 87.  Y la homeópata (para redondear esto sobre el peso corporal) me dijo el viernes que, cuando entre a la fase vegetariana de tres meses que contempla su tratamiento, bajaré otros 4 kilogramos.  ¡Quedaré en el hueso!

En la noche, después del yoga, nos fuimos a Locatel, en Chacaíto.  Mi interés fue conseguir unos aceites esenciales para aromaterapia (lo que estoy estudiando), pero nada de eso.  En su lugar, compramos para mi uso zinc y ginseng (no conseguí el siberiano, más recomendado para mí, contra el estrés), dos fortalecedores del sistema inmunológico.  De modo que mi lista de consumo de suplementos dietéticos quedó así:

  • Zinc
  • Ginseng
  • Manganeso
  • Flores de Bach
  • Aceite de hígado de bacalao
  • Polivitamínico
  • Magnesio
  • Septilin (éste por posología de la homeópata).

Como se ve, un carnaval de pastillas.  Todo esto además de la dieta, que omite alimentos causantes de alergias, las más de la veces silenciosas:  lácteos, huevos (sus yemas), trigo (su gluten) y soya.  No consumo café, chocolate, cigarrillos, alcohol, etc.  Esto lo empecé a hacer por iniciativa propia, a tenor de mis lecturas sobre el acúfeno, y luego la homeópata me lo confirmó, reiterándolo.

Ella no es tan severa.  Me ha invitado a tomar café y chocolate (lo interpreté de sus palabras).  De los huevos, me permite la clara siempre y dos huevos enteros a la semana; de las harinas, una arepa semanal.  Ya me permite la soya íntegramente.  Los lácteos me los dejó intactos (sólo yogurt).

Durante la noche, no concilié mi amado sueño tan rápido como quise.  Me acosté casi a la una y dormí tal vez como a las dos, y no profundicé.   El sueño es mi refugio, mi verdadero descanso y alivio.  Cuando duermo, me olvido del mundo sonoro, de sus chicharras y su concierto eterno.  Descanso de mi acúfeno.