Ayer fue el domingo, domingo de descanso o paseos en las familias corrientes.  Lo digo y pienso en mis domingos.  Debo adecuarme a la nueva visión que me debo imponer como persona con acúfeno, aunque, como dice la lógica y la cura, debería luchar contra tal punto de vista.  Uno el enfermo de acúfeno pareciera andar al acecho siempre de su lesión, de su mejora, de los hábitos que como aquejados tenemos a efectos de dar con una señal que nos conduzca al bienestar, o el desmejoramiento.  Pienso en los domingos y los miro como un día más de la semana que debo sortear para que llegue su noche y me permite dormir, para así descansar de la tiranía sonoro-auditiva.

Tales me ideas, tal vez pesimistas, me vienen seguramente porque ayer (domingo) mi día fue irritado, con falta de sueño, muy sensible yo al acúfeno, por consiguiente.  Ocurre así:  si tienes acúfeno y no duermes satisfactoriamente, te irritas, sientes el malestar de no haber dormido completo y, para completar, oyes con más fuerza al señor acúfeno, llenándote de ira e impaciencia.  Lo culpas de todo y, si te desbordas, te lamentas de tu suerte.

Lo digo porque el sábado en la noche presente problemas para dormir.  No pude a pesar de que estaba tranquilo y el acúfeno no me sitiaba gran cosa, concilié tarde el sueño (1:30 AM).  El resultado fue el día de ayer y estas reflexiones de hoy.  Pero el cuento no quedó allí, como se ve.  Anoche (domingo por la noche) me costó más dormir, y lo hice por ahí como a las 2:30.  Estaba tranquilo, pero oía el acúfeno muy claro.  Puse el radio y su ruido “blanco”; tomé una infusión de tilo; coloqué fragancias aromaterapeúticas en la habitación y nada, a pesar de que estas esencias me emborrachan de sueño.  Finalmente, me vi obligado a tomar un Lexotanil, medicamentos a los que les huyo por no hacer dependiente mi sueño de químicos.  Y lo hice por lo tarde de la hora, porque si no lo hacía el día de hoy sería una réplica del de ayer.  Hoy me levanté a las 9:30, recuperado, con buena disposición para enfrentar a mi dictador.

Aún pienso en lo que causa problemas en los últimos dos días para dormir.  No conduje ayer, actividad que me agota bastante; lo que hice fue caminar y asistir a una charla sobre acupuntura y masajes.  Debo suponer que fue el alto ajetreo entre la gente del centro comercial Sambil lo que me agotaría en extremo para perturbarme el sueño:  saqué unas fotos, busqué lugares de aromaterapia, tiendas naturistas, de Feng Shui, en todas cazando esencias y aparatos para mis estudios aromaterapéuticos.

Sin haber conducido el carro entre la ciudad, igual me ajetree entre ella.  Supongo que allí está la explicación.  Supongo que ahora, en mi nueva condición de aquejado por el acúfenos, debo mantener la serenidad, no exponerme a la sobreestimulación y llevar una vida calculada en mis hábitos, en general mesurada.  Veremos la historia nocturna de hoy lunes.  Hasta donde supongo, la calle no me resulta nada positiva (contaminación, ruido, ajetreo, tensión) a efectos de irme a la cama y dormir con facilidad; al parecer debo andar comedido siempre, sin alborotos o tensiones extremas.  En la calle, sí, como lo he hecho, pero controlado bajo mi calma.

Fui a la escuela de acupuntura Nei-Jing.  Me matricularé allí, junto a mi esposa, en unos estudios sobre masaje energético y acupuntura, respectivamente.  El primero tiene una duración de un año y se estructura en varios niveles; el segundo, dura tres.  Como se ve, el acúfeno volcó mi vida hacia preocupaciones de salud.  Muchos que conocen mi dolencia, me recitan el refrán “No hay mal que por bien no venga”, refiriéndose a los efectos positivos que la enfermedad (mi parálisis ya superada, mi otitis y ahora acúfeno) ha traído a mi vida.

Estos efectos, como sabemos, son el cuido de mi salud, dieta, rebajamiento de peso, erradicación de bebidas alcohólicas y cigarrillo, aprendizaje sobre temas de salud (homeopatía, aromaterapia, acupuntura, medicina en general, masaje, buena alimentación, etc.) y hasta cambio de personalidad en cuanto a apreciar más la vida, la familia y la salud se refiere.  Mi persona se ha hecho más comprensiva, más serena y tolerante, más concentrada en pensar en un futuro de mayor calidad de vida.  Hasta donde voy, tengo la determinación de aprender lo que pueda y ponerlo al servicio de mis familiares y prójimo en general, algo bastante bíblico, piadoso o religioso, según se vea.

El día de ayer tuvo su obsequio, por lo menos.  Después de las diligencias, mi esposa y yo, cuales muchachos traviesos de la calle, nos compensamos con un pollo a la brasa y unas bebidas, comidos como a hurtadillas en una plaza.