El acúfeno ayer lunes amaneció más o menos suave.  Me dejo, pues, escribir en la mañana, permitiéndome obviarle a un segundo plano.  Ocurre que cuando mi mente está distraída con ideas y exploraciones el acúfeno, que siempre está presente, remite.  No digo que desaparezca “físicamente” hablando, sino que no le hago caso, no pienso en él, no lo oigo a pedazos, aunque siempre tenga la conciencia de que está ahí de todos modos, sonando interminablemente.  De cualquier modo es un alivio y, hasta donde lo tolere, escribo.  En fin, lo pude someter durante la mañana, aplicándole mi dosis de indiferencia.

Debo considerar que pude dormir bien, aunque me haya constado un poco conciliar el sueño, por ahí como a las 12:30 AM.  Debo decir, también, que es algo nuevo para mí, dado que yo estaba acostumbrado a dormir a las 2:00 de la madrugada.  Ahora, con nuevo acúfeno, nueva vida.

También cumplí antes mi maniática rutina de ir a la plaza O’Leary antes de llegar a casa, para descansar del pitido con el ruido enmascarante de las fuentes de agua.  No manejé el carro, ni cansé tan fuertemente como ocurre cuando lo hago, tragando el humo y polvo de la ciudad.  Fui al yoga, como es habitual los lunes, y allá me sometí a una serie fuerte de ejercicios.

A propósito del vehículo y su manejo, podría ser que se esté confirmando mi teoría de que no me resulta saludable conducirlo, al menos durante tantas horas.  Como les dije, cuando conduje el carro y lo ruleteé, como consecuencia (al parecer) mi acúfeno se sublevó.  Pero sigo con la indagación.  Está semana manejaré otra vez el carro, el viernes por la noche, el sábado y el domingo.  Veremos.

Finalmente, doy una relación de mis alimentos:  desayuno con requesón, bollos de harina Mazorca y avena; almuerzo arroz con pollo, aliñado; ceno pollo con pan árabe y avena, más un jugo de guanábana.

Anoto que el amago de un dolor de cabeza me ronda, desde hace dos días.  Soy duro para sentir dolores de cabeza (ni siquiera cuando se me inflamador los oídos con la otitis los sentí) y el asunto me extraña.  Mejor dicho, me inquieta.  He leído que los afectados por tinnitus suelen sentir dolores de cabeza, además de oído.  Yo no los he sentido, pero estoy a la expectativa de mi cuerpo para prevenirme.  En mis adentros, arguyo que estoy tomando medicamentos y ellos podrían ser los responsables de un eventual dolor, en caso de desatarse.  En el reporte “Lo que estoy tomando por recomendación de lecturas y holista” relato lo que estoy consumiendo en este trance de fortalecer el sistema inmunológico, limpiar mi cuerpo y complementarlo con vitaminas y minerales.

A algunos se les ha vencido la posología, especialmente los naturistas; de estos, estoy tomando dos:  uno para el sistema inmunológico y el otro antibiótico y antiséptico para las vías respiratorias.  El resto son vitaminas y minerales:  aceite de hígado de bacalao, magnesio, manganeso, polivitamínico, silimarín (para el hígado), ajo.   Y, como dije antes, por mi cuenta, consumo las flores de Bach más la aplicación de unas esencias hechas por mi mismo mediante aromaterapia.

Se ha difundido entre la familia que he estado aprendiendo sobre salud.  Ya tengo unos “encargos” por allí.  Unos con esencias para conciliar el sueño, otros con problemas de manchas en la piel, otros con piel reseca, otros con problemas olfativos.  Vendrá a casa una de mis hermanas a traerme unos libros sobre naturismo y a llevarse un aceite con esencias vegetales para su piel reseca.