El último reporte de este diario sobre mí y el acúfeno fue el 26 de agosto, hace ya una semana y tantos días.  La razón de la discontinuidad fue un viaje, un viaje en busca de salud.

Me fui hasta el estado Carabobo, Valencia, municipio Naguanagua, y visité el Centro Termal Las Trincheras.  De acuerdo con el folleto informativo:  “Sus manantiales brotan desde el interior de la montaña, sus propiedades curativas son famosas desde que fueron presentadas en Chicago y París a fines del siglo XVIII, siendo desde entonces reconocidas como las segundas del mundo por su composición físico-químico”.

Aguas curativas, pues, ni más ni menos.  Sulfurosas, humeantes, procedentes del interior de la tierra, tomadas de las montañas de donde emanan y acondicionadas para el público nacional y extranjero en varias piscinas para el baño.  Las aguas se espacian en Las Trincheras en cinco piscinas:  una a temperatura ambiente, otra a 39º, otra a 42, otra a 50 (aquí nadie se baña) y la última es de temperatura indefinida e imposible para el baño, prestándose sólo para los baños de arcilla que se extrae de su interior de barro.

Las aguas de Las Trincheras no son las más sulfurosas de Venezuela; ese sitial lo tienen otras aguas que emanan del mismo estado Carabobo, en el municipio Diego Ibarra, las Aguas Termales de Aguas Calientes.  Pero las aguas de Las Trincheras son buscadas por sus poderes curativos y de alivio.  Además, en el centro hay una lista inmensa de servicios de masajes y técnicas orientales para la procura de la salud.  Listo algunos, tomados al azar de un total de ochenta:  masaje anti-stress, masaje californiano, masaje piedras calientes, con esferas chinas; bambuterapia, reflexología, laserterapia, magnetoterapia, terapia articular, rebajante, lodoterapia, drenaje linfático, Velo de Cleopatra, quiromasaje facial, hidratación de manos y pies, exfoliación, peeling ultrasonido, terapia oxigenante, ozonoterapia, moxiterapia, acupuntura, etc.

Vi muchas personas mayores sancochándose en las aguas; otros se aplicaban barros en las rodillas; otros se metían durante diez minutos en el sauna (con gases calientes procedentes de la montaña), otros tomaban infusiones en tuberías procedentes del interior de la tierra, otros se revolcaban en el lodo, etc.

Yo me paseé por cada servicio.  Me bañé en las piscinas, fui a la sauna, me apliqué lodoterapia y me sumergí en el área de agua y barro de una de las piscinas.

¿Resultados?  Mientras estuve en el sitio (tres días), mi acúfeno prácticamente no existió.  El lugar es muy callado, así como las áreas de posadas.  Se presienten los ruidos de la naturaleza montañosa: los grillos, las lluvias lejanas.  En las noches, que es cuando los acúfenos se ensañan contra uno, no tuve problemas:  apenas un pitido de grillo enfermo se atrevía a oírse en mis oídos.

Simplemente fue magnífico.  Decidí visitar el sitio mensualmente, para darme con más frecuencia los baños calientes.  Nadie me dijo que podría allá quitarme los acúfenos, pero yo no pierdo la oportunidad de brindarle ahora a mi cuerpo salud, y este sitio, a dos horas y media de mi domicilio, será en adelante parte de mi botiquín personal.

Mientras tanto, por aquí en Caracas, me perdí la cita con la acupuntora, los masajes Ceragem, además de la rutina de medicamentos y ejercicios que sigo.  Al momento, ya estoy en Caracas y he retomado mi rutinaria vida de hombre afectado por acúfenos. Mis ruidos, por cierto, después de unas jornadas estresantes acondicionando el vehículo de los viajes, ya se han levantado un poco.

Dado el silencio del sitio y mi poco acúfeno, me he puesto a pensar si no me convendrá un cambio de domicilio.  Caracas es muy ruidosa, y a veces creo que mi ruido y mis oídos como que compiten con los ruidos de la ciudad y se alzan para que yo los escuche.  Allá en la montaña no tuve problemas.  Podía seguir en el silencio, a pesar de que la teoría y los tratamientos no recomiendan precisamente el silencio para la cura del acúfeno.  Contradicciones que me encuentro en el camino de mi afección y para las que muestro dispuesto a investigar en lo sucesivo.

Coloco algunas imágenes de mi visita a Las Trincheras y estoy abierto a consultas al respecto, especialmente para quienes vivan en Venezuela y se quieran dar una vuelta por allá. Si alguien está interesado en un viaje, lo llevo y ya.

 

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